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Alemania

¿Quién elige al presidente de Alemania?

El presidente de Alemania es elegido por la Asamblea Federal, compuesta por los diputados del Bundestag y el mismo número de representantes enviados por los Parlamentos de los Estados federados.

A diferencia de lo que ocurre en otros países, en Alemania, no es la figura del presidente la que cumple funciones ejecutivas. La persona que ocupa el cargo de canciller federal tiene en sus manos la jefatura del Gobierno y, junto con los miembros de su Gabinete, decide sobre todos los asuntos de de gobierno. En cambio, las tareas del presidente son de índole representativa, protocolar; quien ocupa la posición del jefe de Estado debe dar la cara por el país en el extranjero y pronunciarse imparcialmente en materia de política interior.

El presidente de Alemania puede proponerle al Bundestag un candidato a la cancillería e incluso ordenar la disolución del Bundestag para convocar a nuevas elecciones cuando un canciller deja de contar con el respaldo mayoritario de su bancada parlamentaria. Pero, generalmente, sus obligaciones tienen un perfil más bajo y van desde comprobar la constitucionalidad de las leyes aprobadas en el Parlamento y firmarlas, hasta decretar amnistías, como las otorgadas a varios terroristas de la antigua banda armada RAF. Eso sí, las palabras del presidente tienen peso: en público, su misión es dar pautas para el debate de temas socialmente relevantes.

Los cancilleres alemanes gobiernan, siguiendo, por lo general, los lineamientos de sus respectivos partidos, mientras que los presidentes deben actuar como si no tuvieran filiación política alguna y recordar que representan a todos los que viven en el país. Otra particularidad de los presidentes alemanes es que no son elegidos por votación popular directa, ni tampoco por los parlamentarios del Bundestag, sino por la Asamblea Federal; de hecho, esa es la única función de este órgano constitucional.

Un gremio especial

El Palacio Bellevue en Berlín, residencia oficial del presidente de Alemania.

El camino que condujo a la creación de la Asamblea Federal en Alemania fue tortuoso para sus habitantes. Tras las traumáticas experiencias dejadas por la República de Weimar y el régimen nacionalsocialista, los artífices de la Constitución decidieron que el presidente no debía ser elegido directamente ni por el Parlamento federal –para no restarle influencia a la cámara de los Estados federados, el Bundesrat– ni por el pueblo. La idea de crear una institución especial, dedicada exclusivamente a elegir al presidente cada cinco años, fue propuesta por Theodor Heuss.

La iniciativa de Heuss –quien más adelante sería elegido presidente– caló bien entre los políticos germanos y el procedimiento para elegir al jefe de Estado quedó determinado en el artículo 54, apartado 3, de la Constitución, aunque ciertos cambios en el derecho electoral y la reunificación nacional de 1990 hizo necesario que se le hicieran algunos ajustes. La Asamblea Federal está conformada por los diputados del Bundestag y el mismo número de personas enviadas por los Parlamentos de los dieciséis Estados federados. Estos últimos no tienen por qué ser políticos, sino que a menudo son enviadas también personalidades, por ejemplo, de la cultura y el deporte. El objetivo es darle de esa forma a la Asamblea Popular un perfil que refleje más a todo el pueblo.

Una votación extraordinaria

Christian Wulff, durante su discurso de dimisión.

Si ninguno de los candidatos a la presidencia de Alemania obtiene la mayoría absoluta en las primeras dos votaciones de la Asamblea Federal, se realiza una tercera ronda; la persona que reciba la mayor cantidad de votos en esa tercera votación ganará por mayoría simple. Desde 1979, la elección del jefe de Estado tiene lugar el 23 de mayo, para conmemorar el día de 1949 en que se fundó la República Federal de Alemania y la entrada en vigor de su nueva Constitución. Sin embargo, este año, la Asamblea Federal deberá reunirse antes del 18 de marzo.

Y es que, cuando un presidente renuncia a su cargo –como lo hizo Christian Wulff este viernes (17.2.2012)–, la ley establece que los representantes del Parlamento federal y los representantes de los Parlamentos de los Estados federados deben reunirse a más tardar treinta días después de su dimisión para nombrar a su sucesor. Tras la abdicación de Wulff, la presidencia de Alemania recayó automáticamente sobre los hombros del presidente del Bundesrat y primer ministro de Baviera, Horst Seehofer. Los treinta días se cumplen el 18 de marzo.

Autor: Evan Romero-Castillo
Editor: Pablo Kummetz

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