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América Latina

¿Qué refrendará Ecuador en las urnas?

Ecuador renovará probablemente el mandato de Rafael Correa. Obra social, modernización del Estado, extractivismo, polarización y autoritarismo han sido, según especialistas consultados por DW, las claves de su gobierno.

El presidente ecuatoriano, en busca de la reelección.

El amplio margen con el que según los sondeos ganaría en los comicios del 17 de febrero el actual presidente del Ecuador, Rafael Correa, habla de un hito en la historia democrática del país equinoccial. Correa, favorecido con un 56,4% de la intención de voto de acuerdo con las encuestas del Centro de Investigaciones y Estudios Especializados, dejaría muy atrás a Guillermo Lasso, candidato neoliberal, con un 20,6% de intención de sufragio.

De mantenerse esta tendencia, Ecuador viviría por segunda vez una renovación directa del mandato presidencial. Este posible resultado sería todo un hito en un país acostumbrado a la fragmentación del panorama político, que ha llegado a tener siete presidentes en una década. Y que en toda su vida constitucional, con 110 mandatarios, sólo ha llegado a reelegir a siete presidentes. ¿Cómo se entiende esto? ¿Se podría hablar de mayor estabilidad democrática? ¿De un éxito del proyecto de Correa? ¿De un fracaso de la oposición?

¿Qué ha pasado en Ecuador?

Por un lado, “dado que sería reelegido por segunda vez, sí se puede hablar de que el país vive una consolidación de la democracia”, explica a DW Wolf Grabendorff, analista político de la Fundación Friedrich Ebert (FES) en Quito. Por otro, queda claro que la oposición está fragmentada: “¿por qué la derecha no se unió en un solo candidato?”, plantea Pablo Ospina en un estudio del Comité Ecuménico de Proyectos, auspiciado por Brot für die Welt, una organización de desarrollo alemana.

Guillermo Lasso, candidato de la derecha a presidente de Ecuador

“Alrededor de Guillermo Lasso se agrupa el grueso de la representación empresarial que encuentra en él un hombre de plena confianza. Lo apoyan todos aquellos que –como la fracción del antiguo partido socialdemócrata- buscan una carta electoral que detenga a quien juzgan un peligro totalitario bastante más riesgoso que el neoliberalismo”, afirma Ospina.

Con todo, “independientemente de si la manera del presidente Rafael Correa es más o menos democrática, más o menos tolerante, lo que ha ha cambiado es la percepción de los ciudadanos ecuatorianos en cuanto a la manera en que debe funcionar la política y a su nivel de exigencia. Las cosas funcionan de una manera distinta y esto les lleva a revalidar una opción política partidista que ha sido eficiente en cumplir con sus promesas”, dice a DW Flavia Freidenberg, directora del Instituto Universitario de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca (USAL). 

Promesas cumplidas

Como fuere, los logros sociales del gobierno de Rafael Correa son evidentes y se pueden demostrar con cifras. “En las estructuras del Estado y en la infraestructura, por todos lados se ve el progreso social y económico. Hay más escuelas, más hospitales, más carreteras, nuevos aeropuertos. El país vive un boom económico debido, por un lado, a los precios del petróleo y, por otro, debido a la Revolución Ciudadana que ha modernizado el Estado, que ahora funciona y ha ampliado sus funciones”, cuenta el analista de la FES.

Otro dato: “Es la primera vez en la historia de este país que la gente paga realmente sus impuestos, que los ingresos por eso son muy altos y pueden ser redistribuidos. Esto lleva a que en buena parte de la población, sobre todo entre la gente joven y las clases bajas, este gobierno sea muy popular. A la oposición se le ha quitado con ello la posibilidad de presentar un proyecto alternativo”, afirma Grabendorff, acotando, “pero el sistema democrático ha sufrido mucho bajo un presidente autoritario como Correa. La clase media y la clase alta se quejan bastante”. ¿De qué? De autoritarismo y polarización, de un sistema presidencialista demasiado centrado en la figura del popular economista.

Autoritarismo y polarización

“Esto habla en contra de las estructuras democráticas, pues éstas parten del supuesto de que hay un cierto balance en el Estado, sobre todo a través de la división de poderes. Y aquí en Ecuador el Ejecutivo tiene la palabra, mientras que el sistema judicial depende del ejecutivo, no es independiente, y el legislativo juega un papel secundario”, explica Grabendorff, catedrático e investigador con amplia experiencia en diferentes países de América Latina.

Protestas de la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador), mayo 2010

Es más, “el mismo presidente tiene un estilo bastante polarizador. Ataca frontalmente a la prensa privada y a los periodistas, también a los candidatos. No sólo en la campaña, sino durante todo su mandato ha usado una confrontación directa con los otros actores democráticos en aras de su objetivo de modernizar el país; las élites tradicionales del país han perdido influencia y, por supuesto, se oponen. Esto lleva a una polarización a ambos lados, que probablemente no se vaya a reflejar en los resultados electorales debido a la fragmentación de la oposición”, subraya Grabendorff.

Por otra parte, como una estrategia mediática para lograr cohesión interna entiende la investigadora de USAL los ataques primero a los otros partidos políticos, luego a la prensa y por último a organizaciones no gubernamentales, estas últimas motores de protestas, por ejemplo, contra el modelo de desarrollo económico basado en el extractivismo.

“Los populismos necesitan tener una figura donde canalizar las frustraciones individuales y colectivas y la relación amigo-enemigo. Esto no va a acabar, porque es parte de una estrategia muy bien pensada”, afirma la analista del USAL, concluyendo,  con miras al probable segundo mandato de Rafael Correa: “Sin medios plurales, con ciudadanos y periodistas con miedo de opinar, hay una excesiva polarización y me preocupa el bajo nivel de pluralismo político que hay, y probablemente, habrá en Ecuador”.

Autora. Mirra Banchón
Editora: Emilia Rojas

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