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Ciencia y Ecología

Los recuerdos, ¿un invento de la memoria?

Mediante la memoria el hombre teje el material del que se nutre para aprender y para enfrentar el futuro. Pero la memoria no es un registro veraz, sino un mecanismo con fallas que llegan a crear hechos inexistentes.

¿Recuerdos o fantasías?

En Blade Runner, la película de Ridley Scott basada en la novela de ciencia ficción de Philip K. Dick, los replicantes, androides fabricados para servir al hombre, no tienen memoria. Su creador les implantó recuerdos para que pudieran cumplir con sus tareas. Estos humanoides, que se asemejan casi a la perfección a los seres humanos, no tuvieron experiencia alguna de vida. Todo lo que creen saber sobre ellos mismos se debe a implantes de memoria, y, sin embargo, tocan el piano y pueden emocionarse al recordar su infancia.

Esto en cuanto a los replicantes cinematográficos. En la literatura, Jorge Luis Borges insiste en el tema de la

Martin Eder: Pensamientos al salir de mi cabeza (Óleo. 2004).

sustitución de recuerdos propios por los de otro. La manipulación de la memoria y la identidad son aspectos recurrentes, como en el cuento La memoria de Shakespeare. ¿Y qué pasa con nosotros en la vida cotidiana? ¿Son verdaderos nuestros recuerdos y nuestra biografía o somos, como los replicantes, víctimas de los caprichos del complejo proceso cerebral que es la memoria?

Expertos de Alemania y EE UU confirman que lo normal e inherente a la vida humana es recordar erróneamente. “Toda nuestra vida es un invento”, comenta Harald Welzer,

Un cuento de Borges: Funes, el memorioso.

psicólogo social y director del grupo Recuerdo y Memoria, del Instituto Científico de Cultura de la ciudad de Essen. Según Welzer, quien habla de la memoria comunicativa, la memoria forma el yo, pero los recuerdos se forman en comunidad con otros, por medio de la comunicación. Un suceso no es lo que pasó, sino lo que se cuenta sobre lo que pasó. Esto se vería a las claras en los relatos de guerra, que de ser individuales pasan a parecerse hasta formar un gran recuerdo colectivo.

Recuerdos implantados

La psicóloga forense Elizabeth Loftus, de la Universidad de Washington, ha dedicado su vida al estudio de la fragilidad y maleabilidad de la memoria. Realizó estudios en más de 20.000 sujetos pudiendo demostrar, para su sorpresa, que en un 25 por ciento de ellos se podía provocar recuerdos artificiales, como, por ejemplo, sobre viajes en globo que nunca tuvieron lugar en la vida de los pacientes. También comprobó que la memoria se altera y deforma si se agregan informaciones posteriores al recuerdo de un evento.

En torno a lo que recuerdan supuestas víctimas de abuso sexual

durante la infancia se ha creado un debate abierto en sociedades como los EE UU, en las que hace un par de años se multiplicaron los juicios por este delito. Hoy día se critica la ligereza con la que se aplicó la ley en casos en los que los recuerdos pudieron haber sido manipulados por psicólogos que creían haber encontrado la clave a los problemas del paciente. Es que 15 años atrás se creía que la memoria era una especie de archivo infalible de lo vivido. Hoy esa tesis está descartada. En el terreno legal, por ejemplo, especialistas alemanes piensan hoy en anular la figura del testigo, ya que, según Thomas Rönnaum, de una conocida escuela de abogados en Hamburgo, “como testigo el ser humano es una maquinaria defectuosa”. En los EE UU un 90 por ciento de los casos de veredictos incorrectos se debe a testimonios falsos. (En la página 2 lea por qué es bueno que la memoria no sea exacta).

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