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Literatura

Las trampas de la vida

Entrevista con Claudia Piñeiro, escritora argentina de fulminante carrera en su país y el exterior, sobre literatura y sociedad, las reglas del juego social y la presencia de Argentina en la Feria del Libro de Fráncfort.

Claudia Piñeiro

¿Qué hechos de las últimas décadas han marcado más a la sociedad argentina? ¿Han sido retomados y procesados como temas en la literatura?

Podríamos nombrar tres hechos como los más significativos: en los 70, la dictadura militar y sus consecuencias: muertos, desaparecidos, hijos de desaparecidos entregados en adopciones ilegales, y la vida en el exilio. Todos estos temas fueron tomados por la literatura, y aún hoy siguen apareciendo. (Por dar sólo tres ejemplos, “Dos veces junio” de Martín Kohan, “Los topos” de Félix Bruzzone, y “Villa” de Luis Gusmán. En los 80, la guerra de Malvinas. (Con “Los Pichiciegos” de Fogwill y “Bajo Bandera” de Guillermo Saccomanno).

Soldados argentinos capturados durante la Guerra de las Malvinas.

La década del 90 hasta su conclusión con la crisis económica y política del 2001 sobre la que yo misma he escrito una novela “Las Viudas de los jueves”. (Otros ejemplos: “El año del desierto” de Pedro Mairal, “Puerto Apache” de Juan Martini).

¿Hacia dónde va la literatura argentina de los autores jóvenes y qué la diferencia de los autores algo más veteranos? ¿Existe una tendencia general?

Me parece que hoy hablar de la literatura de autores jóvenes como una categoría deja de lado individualidades muy diferentes. Dicen algunos que las generaciones jóvenes reniegan de los “padres literarios” y tratan de dejar de revisar ciertos temas como la dictadura, pero ésa es una generalización que no siempre se verifica. Si bien se podrían anotar algunas coincidencias, en los mejores ejemplos de destaca lo individual. Por nombrar a cuatro jóvenes cuya literatura me interesa, los cuentos de Samantha Schweblin son bien distintos a las novelas de Hernán Ronsino, Carlos Busqued o Romina Paula, que a su vez son bien distintas entre sí.

¿Quién lee en la Argentina, qué se lee y se lee lo suficiente?

Lee gente muy diversa. Esto quiere decir, que por supuesto hay un público mayoritario que puede leer las novelas que aparecen en la lista de best-sellers, buenas o malas, pero también hay grupos seguidores de determinada literatura o autores más de culto esperando las nuevas novelas, libros de cuentos, libros de poemas o ensayos, etc. de esos autores. Las estadísticas dicen que se lee menos de lo que sería aconsejable, pero dar un parámetro de cuánto hay que leer es bastante difícil. ¿Está bien leer cinco libros por año, diez, veinte?

Porque además no está sólo el problema de la cantidad sino también de la calidad de lectura, de la aprehensión o comprensión que se pueda hacer del material literario. Y en ese sentido varias décadas de deterioro de la escuela pública han hecho que hoy haya varias generaciones privadas del acceso a la lectura comprensiva y placentera. Seguramente en las estadísticas figurarán como alfabetizados, pero saber leer y escribir no alcanza para disfrutar la lectura. Por otra parte la gente que me rodea, mis amigos, leen bien y mucho, pero debe ser que nos vamos juntando en una tribu voluntaria de lectores.

Su novela "Las viudas de los jueves" fue calificada por un miembro del jurado que le dio el premio de “agudísimo retrato psicológico y social, no sólo de la Argentina de hoy sino del mundo acomodado occidental”. ¿Está de acuerdo?

Sí, me parece que esa frase define con precisión a la novela, pero como es un texto al que se le puede entrar por distintos planos, también le podrían caber otras definiciones. Para nosotros los argentinos las crisis son algo que conocemos y que hemos padecido con intervalos de distinta duración, más allá de que la del 2001 fue brutal. Pero el concepto se terminó de entender en otras partes del mundo con la crisis de fines del 2008, cuando en muchos otros países occidentales se dieron cuenta de que la prosperidad y el empleo ya no estaban garantizados.

Uno de los temas recurrentes en su obra es la relación entre las reglas sociales de juego y la responsabilidad individual. ¿Cuál es la salida a las trampas de la vida cotidiana, a nivel macro y microsocial?

Hay ciertas reglas del juego, sobre todo en la sociedad occidental, de las que es muy difícil escapar sin salirse del sistema, porque para cuando uno se da cuenta ya está metido en el juego.

Carátula de la edición en alemán de "Tuya", de Claudia Piñeiro.

Lo importante es tener conciencia de ellas y saber siempre hasta dónde uno está dispuesto a llegar. En los personajes de mi novela “Las viudas de los jueves” o “Las grietas de Jara” el límite o la pregunta del millón es qué están dispuestos a hacer para no perder los bienes materiales que tienen, o su status quo, o la familia que armaron y no es más que una máscara social, o para no bajar de nivel socioeconómico, o para preservar una rutina y una vida cotidiana que les resulta, por conocida, segura. Cada uno tiene que estar consciente sobre ese límite, qué línea no pasaría, sobre qué aspecto de su vida y su esencia no está dispuesto a negociar o claudicar. La peor opción es negar que esas reglas existen y que nos trazan límites todo el tiempo.

¿Es Buenos Aires una capital de la literatura? ¿Qué papel desempeña el interior?

Buenos Aires es una capital cultural no sólo en cuanto a la literatura sino también al teatro, la plástica, el cine y otras manifestaciones artísticas. Lo que no quiere decir que en las provincias no haya una riquísima vida cultural. En el interior del país hay escritores muy importantes (por sólo dar algunos ejemplos, Tizon en Jujuy, Rivera en Córdoba, Mempo Giardinelli en el Chaco, Van Bredan en Formosa, Belgrano Rawson en San Luis).

Stand de Buenos Aires en la Feria del Libro de Fráncfort 2009.

Pero es evidente que las editoriales de distribución masiva están en Buenos Aires y eso hace que a autores menos consagrados les cueste ser distribuidos en la Capital y en el resto del país. El interior del país, o mejor dicho muestras provincias, funcionan como un motor de historias y personajes distintos que nutren la literatura desde los márgenes en el mejor sentido, esto quiere decir, desde donde aparecen cosas nuevas, distintas o disruptivas. El problema es el derrotero agotador y muchas veces frustrante que luego tienen que hacer esas historias para que sean leídas en Buenos Aires y el resto del país.

Muchas personas con ciudadanía alemana emigraron a la Argentina antes (los perseguidos) y después de la II Guerra Mundial (los perseguidores), amén de la inmigración anterior. ¿Qué huellas culturales y literarias de la inmigración proveniente de Alemania observa usted en la Argentina?

Me parece que la influencia en el caso de la inmigración alemana no tiene que ver tanto con la cantidad (como puede ser la inmigración masiva que recibimos de Italia o España), sino con la calidad de la cultura alemana. Siempre miramos con buenos ojos el cine alemán, el teatro alemán, su literatura, su plástica. Por tomar un ejemplo, gran parte de la dramaturgia argentina se formó leyendo a Brecht, y gran cantidad de directores de teatro se sienten deudores de su escuela. Y esa influencia en el teatro sigue hasta nuestros días, con autores como Heiner Müller y su Máquina Hamlet, por ejemplo. Pero el intercambio, me gusta creer, que es en ambas direcciones, con autores y directores prestigiosos argentinos que han hecho su camino en Alemania como Alejandro Tantanian o Spregelburg.

¿Qué importancia tiene la presencia de la Argentina como país invitado de honor en la Feria del Libro de Fráncfort para la literatura argentina y para el país?

Es una vidriera donde mostrar lo mejor y más diverso de nuestra literatura. El hecho de que muchos autores sean traducidos con miras a esa feria ya les permite un recorrido internacional que de otra manera sería impensado. Y en cuanto al país, como todos los años en la feria, no sólo se mostrarán libros y autores sino también otras manifestaciones culturales: música, plástica, artesanías, danza, etc.

¿Qué imagen va a transmitir Argentina de sí misma en la Feria del Libro de Fráncfort y qué imagen debería de transmitir?

Carlos Gardel / Che Guevara: "somos eso, nos guste o no".

La Argentina decidió ir con ciertos íconos que son indudablemente representativos de lo que somos. En literatura, Borges y Cortázar. En ídolos populares: Gardel, el Che Guevara, Eva Perón y Maradona. Yo creo que fue una elección bastante honesta; somos eso, nos guste o no a quien le guste o no. Tuve la oportunidad de ver la presentación del proyecto que ganó la licitación para hacer el stand de la Feria y creo que fue elegido en el mismo sentido: mostrar lo que somos, sin aspavientos, sin grandes pretensiones que no podemos sostener. En lo que a literatura se refiere, creo que la Argentina debe trasmitir una mezcla de opciones literarias y autores que reflejen cabalmente la diversidad que tenemos en esa materia: diversidad generacional, geográfica, narrativa. Y la gente de Cofra está trabajando en este sentido así que descarto que eso será lo que se muestre en octubre.

¿Cómo se asume, analiza y proyecta en la Argentina el bicentenario de la independencia? ¿Cuál es su relación personal con la efeméride?

Somos un país muy joven, doscientos años de vida es infinitamente poco, visto, por ejemplo, desde la perspectiva europea. Eso hace que seamos tan inmaduros en muchos aspectos. Mi relación con el bicentenario es esa: la conciencia de lo poco que hemos transitado aún, de lo mucho que tenemos por aprender para madurar como Nación. Luego de la libertad de 1810 y la independencia de 1816 parecería que seguimos dando los primeros pasos hacia un país más serio, más estable, más previsible.

Claudia Piñeiro (Burzaco, provincia de Buenos Aires, Argentina, 1960), escritora, dramaturga y guionista de televisión. Ha publicado varios libros, artículos periodísticos, obras de teatro, varias de ellas recibieron premios o menciones tanto en Argentina como en el extranjero. Sus obras se han traducido a varios idiomas. Distinciones: finalista del concurso "La sonrisa Vertical" de Tusquets con la novela "El secreto de las rubias" (1991); ganadora del premio Pléyade a la mejor nota periodística publicada ese año en revistas femeninas (1992); finalista del premio Planeta, por la novela “Tuya” (2003); ganadora del Premio Clarín-Alfaguara, por la novela “Las viudas de los jueves” (2005); ganadora del Premio Ace a la mejor obra de autor nacional, por “Un mismo árbol verde”. “Las viudas de los jueves” fue llevada al cine en 2009.

Entrevista de: Pablo Kummetz

Editora: Emilia Rojas

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