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Hepatitis C: el virus traicionero

Gudrun Heise (HDCA)28 de julio de 2014

La importancia del hígado es vital, pues él se encarga de descomponer las toxinas en nuestro cuerpo. ¿Qué daños puede causar a este órgano la hepatitis C?

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Imagen: picture-alliance/dpa

María no quiere que su apellido se dé a conocer. Ha tenido pésimas experiencias respecto al modo en que las personas reaccionan cuando se enteran de que alguien tiene hepatitis C: “La gente evita al enfermo. Piensan que uno los puede contagiar con solo darles la mano”. Heinrich ha tenido experiencias similares y conoce bien las ideas equivocadas de muchas personas: “Con este mejor no voy a almorzar, piensan muchos. De pronto me tose encima de la sopa y me enfermo yo también”, relata a modo de ejemplo. Pero en realidad no es tan fácil infectarse con hepatitis C, una forma del virus para la cual aún no existe una vacuna, como sí sucede con la hepatitis A y B.

El virus llega a través de la sangre

A diferencia de lo que sucede con muchos otros órganos, el hígado tiene una gran capacidad de recuperarse de daños. Sin embargo, una inflamación crónica deja huellas. En el peor de los casos se produce una cirrosis. Las células del hígado son destruidas y el órgano, de importancia vital, no puede cumplir sus tareas: descomponer las sustancias tóxicas. En lugar de eso, las toxinas son dispersadas por todo el cuerpo a través del torrente sanguíneo. Los nutrientes no pueden ser aprovechados. Al final, el órgano falla por completo. En esos casos, lo único que ayuda es un trasplante de hígado.

Esta enfermedad viral mortal es transmitida a través de heridas sangrantes, directamente de una persona a la otra, o a través de transfusiones de sangre. El virus de la hepatitis C se conoce solo desde 1988. “Antes, cuando la presencia del virus no podía ser verificada en la sangre, las transfusiones eran la forma usual de transmisión”, explica Jan Leidel, presidente de la Comisión Permanente de Vacunación en Berlín. La hepatitis C es una enfermedad de reporte obligatorio: el médico debe reportar la sospecha de infección y los casos de muerte a la entidad de sanidad encargada. “También los laboratorios que realizan exámenes de sangre deben reportar el diagnóstico de la infección”, añade Leidel.

Blutkonserve
Las reservas de sangre pueden transmitir el virus.Imagen: Fotolia/.shock

No hay síntomas manifiestos

Ya en 2010, la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó a la hepatitis C como un “problema sanitario de gravedad mundial”, en un mismo nivel con el VIH, la tuberculosis y la malaria. Se calcula que 150 millones de personas sufren de hepatitis C en todo el mundo: Entre 400.000 y 500.000 viven en Alemania.

A menudo, los afectados se quejan de cansancio y agotamiento, a veces también de dolor en las articulaciones: síntomas muy poco específicos, que se pueden relacionar con muchas otras enfermedades. Así, muchos quedan asombrados cuando escuchan el diagnóstico, y la hepatitis C suele descubrirse por casualidad, como en el caso de María: “Me había infectado con parásitos después de un viaje. Estaban en el estómago y el duodeno. Los exámenes trajeron a la luz que también tenía hepatitis C”. María está segura de haberse infectado durante una operación.

Hace algún tiempo, junto con las transfusiones una causa usual de infección eran también los instrumentos de cirugía mal esterilizados. Esto ha cambiado, aclara Leidel. “Hoy se trata ante todo del consumo intravenoso de drogas, es decir, el uso compartido de jeringas. Una transmisión por vía sexual es también posible, pero en este caso el riesgo es muy bajo”.

El virus es diagnosticado en solo uno de cuatro casos

A menudo, el virus no es diagnosticado, ya que el hígado no duele. Eso es lo traicionero de este virus, dice el hepatólogo Stephan vom Dahl. “En el hígado, que pesa un kilo y medio, tenemos cinco veces más tejidos de los que necesitamos. Es decir: el hígado funciona de manera limitada solo cuando 60 o 70% de los tejidos están destruidos. Entre más temprano se diagnostique le hepatitis C, hay más chances de que la enfermedad no se vuelva crónica”.

Hepatitis C
El virus de la hepatitis C bajo el microscopio.Imagen: Quelle: Aventis Pasteur MSD GmbH

La terapia es cada vez más exitosa

La hepatitis C se trata con una combinación de dos medicamentos: ribavirina, que impide la propagación del virus, e interferón, una proteína producida por el cuerpo.

Para el tratamiento, el interferón es producido en el laboratorio y es suministrado como inyección. Desde inicios de 2014 hay nuevos medicamentos. Las ventajas: pueden ser tomados de forma oral y la terapia es más breve. Es una terapia combinada, que también contiene la sustancia sofosbuvir. Se suministra durante 12 semanas y se alcanza una tasa de curación de 90%. Vom Dahl es optimista. “La terapias son cada vez mejores. Hace 20 años solo era posible curar a una de cada diez personas, hoy a siete, y en pocos años serán nueve de cada diez”.