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Política

Fusión nuclear: ¿el último voto de confianza en la energía atómica?

“Fusión” en lugar de “fisión” nuclear: ésa es la meta de los países que siguen apostando por la energía atómica, pero excluyendo la posibilidad de accidentes como el de Fukushima, que hoy es motivo de alarma.

¿Recibirá la fusión nuclear un impulso definitivo tras lo ocurrido en Fukushima?

El estado de la central atómica de Fukushima sigue siendo motivo de alarma internacional, con todo y que sus seis reactores están conectados de nuevo a la red enérgetica pública. La electricidad ha vuelto a tres de ellos y los ingenieros planean poner a prueba las bombas de agua de las instalaciones, aunque los trabajos de seguridad en la planta debieron ser interrumpidos en varias oportunidades, debido a que se registró humo saliendo de los bloques 2 y 3.

La instancia encargada de la seguridad nuclear en Japón anunció que no se habían medido cambios considerables en los niveles de radiación en la central. Un gas gris brotó del reactor 3, pero sólo brevemente. La agencia de noticias nipona Kyodo informó que lo que salía del reactor 2 era probablemente vapor y no humo, desestimando que el gas blanco proviniera de la piscina de desechos radioactivos; pero es Tokyo Electric Power, la empresa operadora de la central, la que deberá ofrecer detalles al respecto.

Fusión nuclear en lugar de fisión nuclear

Un técnico trabaja en un reactor de fusión nuclear en Greifswald, Alemania.

Aunque es demasiado temprano para suspirar de alivio, cabe señalar la importancia de que este incidente nuclear haya ocurrido ahora y en un país tenido como uno de los más responsables en el manejo de la tecnología atómica: la comunidad internacional ha empezado a familiarizarse con aspectos de la energía nuclear que nunca han debido serle ajenos, en un momento en que cuenta con medios para ejercer presión sobre los gobiernos y obligarlos a buscar opciones de abastecimiento menos peligrosas.

Un ejemplo pertinente: muchas más personas saben ahora que la temida fusión de núcleo –el daño que sufre un reactor atómico al sobrecalentarse– no debe ser confundida con la prometedora fusión nuclear, el proceso con el que los partidarios de la energía atómica querrían sustituir el de la fisión nuclear, mañana mismo si pudieran. Fusión nuclear en lugar de fisión nuclear: ésa es la meta de países como China, Francia y Rusia, conscientes de los beneficios que traería consigo ese relevo de tecnologías.

En búsqueda de la energía atómica segura

La diferencia entre estos procesos radica en que un reactor de fisión genera energía mediante la fragmentación de un núcleo pesado de uranio, mientras que un reactor de fusión la produciría uniendo partículas de hidrógeno con helio. Dos de las ventajas de la fusión nuclear: los combustibles que la harían posible son prácticamente inagotables –todo lo contrario del uranio– y el reactor atómico de fusión no produciría desechos radioactivos longevos, haciendo innecesaria la construcción de almacenes geológicos profundos, de por sí controversiales.

Otra virtud del reactor de fusión es que, como almacena tan poca energía, excluye la posibilidad de un accidente como el de Fukushima, Harrisburg (1979) o Chernóbil (1986). El problema es que nadie ha podido fabricar un reactor atómico de fusión porque amerita el empleo de técnicas extremadamente complejas. Los recursos invertidos por varios gobiernos en la construcción del Reactor Termonuclear Experimental Internacional (ITER) constituyen el primer intento realista en ese ámbito.

Logotipo del proyecto Reactor Termonuclear Experimental Internacional (ITER).

El ITER todavía alimenta esperanzas

Junto a Japón, Corea del Sur, China, Rusia, India y Estados Unidos, la Unión Europea decidió en 2005 que el ITER fuera erigido en Francia. En aquel momento se estimó que las instalaciones costarían 5.000 millones de euros y estarían listas para el año 2018; pero hacia 2008 quedó claro que los costos de producción se triplicarían y el encendido del reactor no sería posible antes de 2026. Las razones abundan: los precios de la técnica y las materias primas requeridas subieron más de lo calculado y ciertas decisiones gerenciales entorpecieron el flujo de trabajo.

La construcción del ITER sigue adelante, pero la UE –que aporta casi la mitad de la inversión económica por ser la anfitriona– deberá retirarle recursos a otros proyectos de investigación científica y partidas de dinero hasta ahora no utilizadas a su propio presupuesto. De ahí que expertos en energía atómica pertenecientes a organizaciones ecologistas insistan en exigir que se detenga el proyecto ITER, y se inviertan los medios disponibles en la consolidación de las fuentes de energía renovables.

Autor: Frank Grotelüschen / Evan Romero-Castillo / Reuters
Editor: Luna Bolívar Manaut

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