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30 años de golpe de Estado fallido en España

23 de febrero de 2011

El mundo recuerda el intento fallido de golpe de Estado en España. Hace 30 años, el 23 de febrero de 1981, prevaleció la democracia sobre el temor a una nueva dictadura. Deutsche Welle habló con un experto al respecto.

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Antonio Tejera Molina, el militar que casi tumba la surgiente democracia en España.Imagen: picture-alliance/ dpa

Este miércoles (23.02.2011) se cumplen 30 años del intento fallido de golpe de Estado en España, también conocido como 23-F. El 23 de febrero de 1981, Xusto Beramendi González, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Santiago de Compostela, escuchaba en la radio la sesión de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como nuevo presidente del Gobierno en el Congreso de Diputados. “Asistí al golpe en directo, por decirlo así”, dice Beramendi. La radio fue silenciada por los guardias civiles que entraron al Congreso. “Quedé con una gran angustia, porque lo último que oí fueron unos disparos”.

El ultraderechista teniente coronel Antonio Tejero,entró con pistola en mano y acompañado por otros 200 guardias civiles mantuvo rehenes a 350 diputados en el recinto por cerca de 18 horas. El intento de golpe de Estado fracasó.

Sobre las consecuencias de este episodio, el papel del Rey Juan Carlos, de los medios y de la ciudadanía, así como del cambio de imagen de las Fuerzas Armadas españolas habló Deutsche Welle con el historiador Beramendi.



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El Rey Juan Carlos defiende la Constitución y llama al orden a las Fuerzas Armadas para parar el intento de golpe de Estado. Su papel fue decisivo para la democracia del país.Imagen: picture alliance/dpa

¿Cuáles fueron las consecuencias del fallido intento de golpe de Estado para España?

Las consecuencias de su fracaso fueron bastante positivas en general. Por un lado se consolidó la democracia naciente, que estaba todavía con unas bases un poco endebles; vacunó al Ejército respecto a ulteriores intentonas golpistas. Y por lo tanto, creó las condiciones para que en los años siguientes se resolviese definitivamente un gravísimo problema que había tenido España durante los siglos XIX y XX, que era la intervención contínua de los militares en la política. Además, legitimó la monarquía, que no lo estaba hasta ese momento, porque se consideraba que era una imposición de la dictadura. Con su defensa de la democracia, la monarquía también quedó legitimada y aceptada por el pueblo. Estos tres factores son los más importantes como consecuencia del 23-F.

¿Qué tan importante fue el papel del Rey Juan Carlos en el fracaso de esta intentona de golpe de Estado?

Fue decisivo en un determinado momento para parar el golpe. Los militares tienen un sentido de la jerarquía y de la obediencia muy alto. Los militares franquistas, los que ocupaban los cargos más importantes del Ejército, habían transferido su lealtad y obediencia de Franco al Rey. Por lo tanto, era impensable que ninguno -ni siquiera los más extremistas- hiciesen un golpe de Estado en contra del Rey. En ese sentido, la actitud de Juan Carlos fue decisiva. De hecho, creo que la mayoría de los que estaban involucrados participaron en la intentona golpista engañados, pensando que el Rey estaba de acuerdo.

¿Cuál era el objetivo del golpe de Estado?

En realidad no había un golpe. Había varios golpes mezclados en cuanto a su preparación, como el libro de Javier Cercas ha puesto de manifiesto. Por un lado, estaba la extrema derecha que quería volver a la dictadura. Luego había un sector que intentaba reconducir una democracia para ellos demasiado profunda y sobre todo demasiado descentralizada hacia un sistema representativo, pero mucho más conservador. Y todas esas cosas se mezclaron entré sí. Esa es una de las claves de la descoordinación que hubo entre los golpistas. En el fondo ésta fue una auténtica “chapuza”, una cosa casi de opereta.

¿Si los golpistas lo hubieran planeado mejor, habría sido factible el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981?

Si lo hubiesen planeado mejor, podía no haber fracasado tan pronto. Se podía haber abierto un período de una inestabilidad muy grande, incluso con alguna sangre de por medio. Aunque antes o después, las cosas hubiesen acabado igual en una democracia. Porque era inviable totalmente una España no democrática en el seno de una Europa democrática. Las corrientes de fondo de tipo social y económico no permitirían en absoluto el mantenimiento de la dictadura.

En eso jugaba un rol muy importante el temor a la vuelta al franquismo...

El temor a la vuelta al franquismo, y el temor sobre todo a que se repitiese una guerra civil tan terrible como la que sufrió España entre 1936 y el 1939. La memoria de la Guerra Civil fue un antídoto bastante eficaz en contra de los extremismos de ambos bandos, tanto de la derecha como el extremismo de izquierdas.



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Con pistola en mano, el teniente coronel Antonio Tejero Molina intenta un golpe de Estado en España al tomarse el Congreso de Diputados.Imagen: picture-alliance/ dpa

¿Qué rol jugaron los medios de comunicación y la sociedad en ese momento?

Jugaron un papel positivo, aunque no decisivo, al ponerse claramente al lado de la Constitución. Y en consecuencia ayudaron a la reacción ciudadana que se produjo después. Ahí se demostró que la sociedad española había cambiado profundamente en los últimos 40 años. Y así como en los años 30 estaba dividida casi a partes iguales entre los enemigos de la democracia y los partidarios de ésta. A la caída de la dictadura a la muerte de Franco ya era una gran mayoría los que deseaban un sistema homologable al resto de los países europeos. Si no hubiera habido en la sociedad una apuesta decidida por la democracia, pues ésta no se hubiese consolidado.

Una vez asumió Felipe González la presidencia de España en 1982, ¿cuál fue el cambio en las prioridades de la política española?

La victoria por mayoría absoluta de Felipe González en 1982, al año y medio de producirse el golpe, no hubiese sido posible sin el propio golpe. Hay mucho de reacción del electorado para confiarle el poder a un partido, no porque fuera un partido de izquierdas, sino porque era un partido unido y que tenía un proyecto. Mientras que la UCD (Unión de Centro Democrático, extinto partido de Adolfo Suárez, presidente que había dimitido un mes antes del intento de golpe) había acabado como “una jaula de grillos”, muy dividido, sin un proyecto claro.

El proyecto de Felipe González -con todos sus defectos que hubo después en su aplicación- iba destinado a conseguir en primer lugar la consolidación de la democracia. En segundo lugar, el ingreso de España a la Unión Europea. Ambos objetivos están relacionados entre sí.

La superación de la gravísima crisis económica que había padecido el país; y en un primer momento, el recorte del Estado de las autonomías. Este último objetivo al final falló. Y había otro objetivo muy importante que sí lo consiguieron: civilizar al Ejército, modernizarlo. Hacer que se pasase de un Ejército del siglo XIX a un Ejército moderno, sometido a la autoridad civil, y perfectamente homologable en sus actitudes respecto a la política a cualquier ejército de la UE.

Al respecto, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de Madrid ratificó en noviembre de 2010, que el Ejército es la institución más valorada por los españoles...

Exactamente. Esto es consecuencia de este cambio drástico, el más profundo que se produjo bajo el Gobierno de Felipe González de un Ejército de ocupación en su propio país a uno que es respetuoso con la Constitución, y que se dedica fundamentalmente a misiones en el extranjero cuando se lo pide la OTAN, y que no se mete donde no se debe de meter. Eso ha producido ese cambio de actitud en la opinión pública, que ha pasado de mirarlo con temor y resentimiento, por su historia de agresiones a la voluntad popular, a considerarlo como una institución positiva y beneficiosa.

¿Hizo falta una justicia más severa para juzgar a los golpistas del 23-F?

Desde el punto de vista estricto de la legalidad y de la justicia reparadora, es posible que sí. Pero desde un punto de vista de oportunidad política, creo que las cosas se hicieron bien. Si en aquél momento, en el que ese ejército no había cambiado como ha cambiado hoy, se le hubiese sometido a un castigo muy alto, a lo mejor habría habido nuevos brotes de rebeldía. Porque por razones generacionales, no sólo los mandos altos estaban imbuidos de la ideología franquista. Aquella mano de hierro, pero con guante de seda fue una táctica muy inteligente para cambiar totalmente en 15 o 20 años a ese ejército, sin que se planteasen mayores problemas.

Autora: Cristina Mendoza Weber

Editor: José Ospina-Valencia