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Se agrava la situación en Honduras

24 de septiembre de 2009

Al menos dos muertos y 150 personas internadas en un estadio de Tegucigalpa: las noticias que llegan de Honduras despiertan viejos fantasmas en América Latina y hacen crecer la preocupación en la comunidad internacional.

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Manifestación en Honduras: el país, fuera de control.Imagen: AP

Los embajadores europeos regresan a Honduras, y también los de los países miembros de la Organización de Estados Americanos han hecho las maletas. Al margen del encuentro de la 64ª Asamblea General de Naciones Unidas, en los despachos de Nueva York, se toman decisiones como ésta. Con ella, tanto la Unión Europea como la OEA quieren demostrar que, sea quien sea el presidente depuesto, las destituciones por vía militar no caben en su concepto de democracia.

Por su parte, el anfitrión, Ban Ki Moon, el secretario general de la ONU, asegura que, tal y como están las cosas en el país centroamericano, no se dan las condiciones para poner en marcha unos comicios calificables de serios. Lo mismo opinan en Europa. "Las elecciones sólo serán creíbles si se permite la participación de todos los candidatos", dijo en una entrevista concedida a DW-WORLD el europarlamentario Wolfgang Kreissl-Dörfler.

Panorama Demonstrationen in Honduras 2009
Seguidores de Zelaya: tensa situación.Imagen: AP

La comunidad internacional casi completa parece dispuesta a colocarse del lado de Manuel Zelaya o, al menos, en contra de la forma en que Roberto Micheletti ha llegado al poder. Mientras tanto, lejos de la diplomacia, en Honduras la situación empeora. De nuevo, miles de personas tomaron el miércoles las calles de Tegucigalpa. Los enfrentamientos con la Policía han dejado, según la organización Human Rights Watch, al menos dos muertos y otras 150 personas habrían sido detenidas e internadas, sin mediación de proceso legal alguno, en un estadio de la capital.

Honduras, fuera de control

Cada vez más fuera de control: así describen la prensa, las agencias de noticias, las ONG y los observadores políticos la situación en Honduras. Las imágenes de las manifestaciones, las noticias de escenas grotescas y de pánico generalizado en las tiendas, las farmacias y los bancos hondureños durante las horas en las que ayer miércoles se levantó el toque de queda han dado la vuelta al mundo.

La Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) exige "la inmediata e incondicional restitución del presidente Manuel Zelaya", y éste anuncia desde la embajada brasileña en la que se cobija temer por su vida.

"Estamos sumamente tensos y preocupados", dijo el depuesto mandatario a la emisora de radio española Radio Nacional de España. "Hoy todavía corremos el riesgo de que la embajada sea asaltada y de que anuncien que me he suicidado y que decidimos morir antes de dejar que entrasen aquí. Este plan existía y se frustró porque, de nuevo, la comunidad internacional, incluidos Estados Unidos y la Organización de Estados Americanos, intervino inmediatamente", añadió.

"Estamos solos, pero sobreviviendo", declaró por su parte Micheletti. La cancillería hondureña denuncia que las palabras de Zelaya degeneran en "actos vandálicos, daños a la propiedad, amenazas a personas y violación, destrucción y saqueos a viviendas colindantes", y acusa a Brasil de brindar protección a los "llamamientos a la insurrección y a la toma del poder por la fuerza".

Ante los derroteros que están tomando los acontecimientos, los organismos latinoamericanos piden mediación internacional: que el tema se discuta en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y que se pongan en funcionamiento los "mecanismos de control de los derechos humanos". Pero ya se sabe que, en esos palacios, las cosas van despacio.

Esperando al fin de semana

Zelaya asegura que en las manifestaciones murieron más personas que las que cuenta la versión oficial. En realidad, al respecto poco se sabe con certeza. Y, aún así, Honduras recuerda tiempos a los que América Latina no quiere regresar: militares haciendo política, un presidente destituido, violencia en las calles, detenciones de ciudadanos y, en general, un panorama que, en su conjunto, se aleja de toda imagen de normalidad democrática.

"Nosotros traemos un mensaje del diálogo y la paz, buscando un acuerdo, y sin embargo, nos han recibido con balazos, bombas y represión", acusó Zelaya. "Yo trato de estar cerca de Dios permanentemente. Además, tenemos la Constitución, que nos ampara a actuar como estamos actuando", replicó Micheletti. A hablar el uno con el otro no están dispuestos, al menos no en términos que satisfagan a ambos: el primero acusa al Gobierno de facto de "terrorista", el segundo no tiene intenciones de abandonar el poder tomado.

Aún así, los organismos no tiran la toalla: este fin de semana, la OEA tiene planeado emprender otro intento de mediación. Con un poco de suerte, la situación no termina de desbordarse hasta entonces.

LB/ MB/ MC/ CHP/dpla/ afpd/ epd/ rtrd

Editor: Pablo Kummetz