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Polémica por venta de armas a Arabia Saudita

Rebecca May / Evan Romero-Castillo12 de febrero de 2013

Arabia Saudita es un país de contradicciones: la monarquía es una aliada de Estados Unidos y Europa, pero muchos de sus ciudadanos apoyan moral y materialmente a grupos terroristas activos en el Cercano y Medio Oriente.

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Imagen: dapd

Este 11 de febrero, políticos alemanes de Los Verdes y La Izquierda criticaron al Gobierno de la coalición liberal-conservadora, liderado por la democristiana Angela Merkel, por insistir en venderle armamento a Arabia Saudita y mantener en secreto los detalles de la transacción hasta que ésta se haya consumado. Los reproches de la oposición fueron refutados de inmediato, apuntando a que Riad también compró armamento germano cuando los socialdemócratas y los verdes estaban en el poder, siempre cumpliendo los criterios más estrictos.

La reciente controversia en torno a la exportación de armamento alemán a Arabia Saudita no es nueva; ésta se ve atizada de manera recurrente por la persistencia con que la opinión pública se pregunta: ¿qué tan fiable es Arabia Saudita como aliado contra el terrorismo islamista, considerando que éste se ve aupado desde su territorio?

Según un documento del Ministerio de Exteriores estadounidense filtrado por Wikileaks, de ningún otro país sale más dinero para financiar a los terroristas islamistas que de Arabia Saudita. El expediente agrega que, aunque el hombre fuerte de Riad, el rey Abdullah, intenta impedir el contacto entre Al Qaeda y sus benefactores en territorio árabe, es poco lo que hace para interrumpir el flujo de dinero hacia las arcas de los talibanes afganos y otros extremistas.

La compleja posición de Riad

Por otro lado, el más reciente informe de Amnistía Internacional sobre la situación de los derechos humanos en el mundo reporta que los tribunales de Arabia Saudita “han vuelto a dictar sentencias crueles, degradantes e inhumanas; sobre todo flagelaciones. Las mujeres y las niñas siguen siendo discriminadas por las leyes y objeto de violencia en la vida diaria”. Cientos de personas han sido arrestadas por atreverse a protestar públicamente. De ahí que revueltas como las de la “revolución jazmín” no se hayan visto en ese país.

Protest gegen Waffenexporte
Protesta frente al Bundestag, en Berlín, por la venta de armamento alemán a Arabia Saudita.Imagen: dapd

A juicio de F. Gregory Gause, politólogo de The Brookings Institution, un think tank con sede en Washington, otro factor que ayuda a explicar la relativa docilidad de la población frente al autoritario monarca es la discordia entre los disidentes suníes y chiíes, quienes no consiguen superar sus diferencias religiosas para conformar una oposición robusta. El wahhabismo, una de las expresiones más conservadoras del Islam, es la confesión del grupo musulmán más numeroso –los suníes– y la religión oficial de Arabia Saudita.

El auge del wahhabismo se atribuye al impulso que le ha dado la dinastía Al-Saud, a la que pertenece el rey Abdullah. Al mismo tiempo, el fervor religioso de algunos ciudadanos árabes los lleva a apoyar a los terroristas islamistas, moral y materiamente. Y eso coloca a la casa real en una posición difícil de entender desde el extranjero, asegura Henner Fürtig, investigador del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales (GIGA) de Hamburgo. Pese a todo, ni EE. UU. ni Europa pueden prescindir de su alianza con Arabia Saudita.

“Dos corrientes contradictorias”

Fürtigseñala algunas de las razones: Arabia Saudita es el país más rico en petróleo del Cercano y Medio Oriente, presenta estabilidad política desde 1945 –no hay alternancia de Gobiernos, ni tumultos, ni levantamientos armados–, su respaldo económico a los países vecinos le permite ejercer una influencia estabilizadora en la región, y su cercanía geográfica a bastiones del terrorismo como Yemen y Pakistán le da a su territorio una importancia estratégica: Estados Unidos ha estacionado varios “drones” en ese país.

Barack Obama mit dem saudischen König Abdullah in Washington
Pese a todo, ni Norteamérica ni Europa pueden prescindir de su alianza con Arabia Saudita.Imagen: picture-alliance/dpa

Por otra parte, los árabes han invertido 600.000 millones de dólares en Estados Unidos. A Riad no le conviene que la economía estadounidense vuelva a tambalearse como lo hizo tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, perpetrados por diecinueve terroristas, de los cuales quince eran árabes. Cabe destacar que las buenas relaciones de la casa real con Estados Unidos no son bien vistas, sino apenas toleradas por sus súbditos. “Arabia Saudita está siendo desgarrada por dos corrientes contradictorias”, sostiene Fürtig.

No obstante, hasta ahora, la antipatía que despiertan los estadounidenses en suelo árabe no ha tenido peso alguno en la política exterior del país. El Gobierno de Riad y el rey Abdullah atenúan las tensiones estableciendo compromisos: de momento, ellos no tienen conflictos serios con quienes apoyan a los terroristas. “Tanto los clanes como los individuos más ricos de Arabia Saudita respaldan a los terroristas cuando creen que ese gesto es bien visto por el ‘todopoderoso’ ”, explica Fürtig. Se trata de montos equivalentes a varios millones de dólares al año.

Autores: Rebecca May / Evan Romero-Castillo
Editor:Pablo Kummetz