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Salud

El negocio de las plantas medicinales

Alemania consume anualmente 45 mil toneladas de plantas curativas, más que cualquier otro país europeo, y esto ocasiona problemas para la protección de ciertas especies.

El tomillo no sólo se usa en la cocina: también tiene propiedades curativas.

Los medicamentos derivados de plantas curativas se han convertido en los últimos años en los preferidos por médicos y pacientes alemanes; cerca de un 75% de la clientela de las farmacias opta por un producto natural al momento de comprar medicamentos exentos de prescripción.

En el año 2006 este tipo de productos farmacéuticos alcanzó ventas por aproximadamente 2 mil millones de euros, lo que equivale a un tercio de la facturación de medicamentos libres de receta. Igualmente alta es la demanda de plantas curativas y sus componentes: hojas, flores, troncos, raíces y savia.

El mayor consumidor en Europa

La empresa farmacéutica Wernigerode, una de las más grandes en el este de Alemania, utiliza poco más de una docena de plantas curativas, entre ellas 5 toneladas de manzanilla y una tonelada de hojas de tomillo al año. Alemania consume anualmente 45 mil toneladas de este tipo de plantas y con ello es líder de Europa en este campo.

Según los cálculos del Departamento Federal para la Protección de la Naturaleza (BfN), en Alemania se comercializan, en grandes o pequeñas cantidades, aproximadamente 1.500 especies. "Estas cifras nos colocan en el tercer lugar mundial como importadores y exportadores de plantas curativas; Alemania es un verdadero emporio", dice Uwe Schippmann del BfN.

Especies amenazadas

La ''Garra del Diablo'' (Harpagophytum).

El funcionario considera que Alemania tiene una gran responsabilidad en lo tocante a proteger a las plantas medicinales ya que la oferta de la inmensa farmacia que es la naturaleza amenaza con extinguirse.

El cultivo excesivo y el incontrolado negocio amenazan mundialmente a 4.000 especies, de ellas 150 en Europa. Las flores primavera y drosera -protegidas rigurosamente en Alemania- son recolectadas y negociadas en el suroeste de Europa y en España a pesar del riesgo que corre su supervivencia.

El BfN y la Organización Mundial para la Protección de la Naturaleza (WWF) trabajan juntos desde hace casi 10 años en la formulación de un concepto para la conservación de las plantas medicinales. Su cultivo industrial, explica Schippmann, no es una solución pues para la mayoría de las plantas la opción de domesticación resulta inviable o demasiado complicada, además, tampoco sería duradera.

Los recolectores

Pródiga es la naturaleza, pero no inagotable.

La garra de Satán, una planta proveniente de Namibia que se utiliza como medicamento para el reumatismo, es recolectada por 10.000 familias del clan nómada San, cuyos ingresos dependen de esta actividad. Un cultivo industrial afectaría su economía. "Toda esta gente quedaría fuera del negocio" explica Schippmann, quien recomienda el control de la recolección en la misma Namibia de tal forma que a la naturaleza le sean arrebatadas tantas plantas como ella misma puede remplazar.

Martín Bauer, el principal distribuidor de plantas medicinales en Alemania, ha demostrado a lo largo de los años que este principio funciona. Su empresa instruye a los recolectores en Namibia en la forma de replanatra las raíces y limita anualmente los terrenos de recolección para permitir su regeneración. "Los clientes saben apreciar esta iniciativa" comenta Helmut Burckhardt, jefe de control de calidad de Wernigerode.

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