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Así es Alemania

El fantasma de Heilbronn

Alemania vive desde 1993 bajo la sombra de uno de los casos más intrigantes de su historia, el fantasma de Heilbronn, en el que la policía buscaba a partir de un rastro de ADN a una mujer que probablemente nunca existió.

Una cruz en conmemoración del crimen de Heilbronn.

Se dice que no existe el crimen perfecto. Que, por muy cauteloso que un asesino pueda llegar a ser, mientras haya un motivo, habrá un rastro a investigar.

¿Pero qué ocurre cuando no existe un motivo? ¿Ni testimonios? ¿Ni siquiera un perfil sólido?

El resultado es la acción de un “fantasma”. Un criminal sin identidad, cuyo vago rastro ha mantenido a la policía en alerta debido a la profesionalidad y metodicidad de sus acciones, y que únicamente da una respuesta a la primera pregunta de una lista eterna de interrogantes: se trata de una mujer. El fantasma de Heilbronn.

El asesinato de Michele Kiesewetter en Heilbronn conmocionó a la sociedad alemana.

El disparo de salida

El 27 de abril de 2007, durante una operación de incógnito relacionada con tráfico de drogas en la ciudad de Heilbronn, en Baden-Wurtemberg, la joven policía de 22 años Michele Kiesewetter se encontraba tomando un descanso con su compañero en un coche, cuando dos personas los abordaron por la espalda, disparándoles a bocajarro en la cabeza. La joven murió al instante, el compañero resultó gravemente herido. El motivo se desconoce: los asaltantes se llevaron únicamente las esposas de los agentes.

La investigación no dio resultados concretos: tan sólo se encontraron restos de ADN en algunas partes del asiento trasero. Un ADN que, para conmoción nacional, resultaba familiar en la historia criminal de Alemania: se trataba, una vez más, de un acto de la hasta entonces apodada “mujer sin rostro”.

Un dilatado historial

El 23 de mayo de 1993, una mujer de 63 años murió estrangulada en la ciudad de Idar-Oberstein, en Renania Palatinado, por un misterioso asesino que no dejó huellas ni evidencia alguna. Tan sólo se consiguió extraer un rastro de ADN de una cucharita de té. El caso acabó por perderse en el negro vacío de la incógnita policial.

El caso del 'Fantasma de Heilbronn' lleva burlando las investigaciones policiales 16 años.

Ocho años después, en Friburgo, en el otro extremo de Alemania, se dio un nuevo caso de asesinato por estrangulación, esta vez de un anticuario de 62 años. De nuevo, la única pista que se pudo rescatar fue un rastro de ADN. Un ADN idéntico al del suceso de 1993.

A partir de éste último caso, una larga lista de delitos se fue escribiendo en los anales de la policía, no sólo alemana, sino también austríaca y francesa. El mismo ADN pudo encontrarse en numerosos atracos y asaltos, así como en una jeringa usada para la inyección de heroína. En 2007 tuvo lugar el terrible suceso de Heilbronn. En 2008 se la relacionó con el asesinato de tres georgianos en la localidad de Bad Kreuznach, en Renania Palatinado.

Cerca de 20.000 horas de trabajo. Alrededor de 25 millones de euros invertidos. Recompensas de 300.000 euros para quien sea capaz de dar información. Todo en vano.

¿Se trata de un genio del crimen? ¿Acaso un fenómeno digno de las series de ficción? ¿O quizás es que la explicación es mucho más simple que todo ello?

Un desenlace “increíble”

Parece que la conclusión se acerca más bien a la última sugerencia. Tras 16 años de investigación, la policía ha empezado a considerar otras posibles soluciones para el inquietante enigma.

¿Qué tenían en común todas las investigaciones en las que el misterioso rastro de ADN ha sido la única evidencia a seguir?

Los bastoncillos usados para tomar muestras en las escenas de los crímenes pueden ser la clave para una conclusión algo decepcionante al caso del fantasma.

La respuesta casi parece una broma, pero es tan real que resulta embarazoso: los bastoncillos de algodón utilizados para tomar muestras en las escenas del crimen. Unos bastoncillos que ‘casualmente’ salieron de la misma fábrica que proporcionaba este tipo de productos a las agencias de policía que investigaron estos casos.

La respuesta empieza a dibujarse de forma terriblemente clara. Bernd Meinsers, portavoz de la fiscalía de Saarbrücken, en el estado de Sarre, admite su escepticismo: “Es posible que alguna persona en contacto físico con el material de investigación, ya sea en el proceso de producción, de empaquetamiento o de reparto, pueda haber dejado estas huellas. Es algo que estamos investigando en estos momentos.”

En otras palabras: la ‘mujer sin rostro’ podría ser, simplemente, una trabajadora de la fábrica de bastoncillos que, seguramente por descuido, olvidó ponerse guantes al tocar los productos.

¿Es posible que tantos años de intensa búsqueda, siguiendo el rastro de una esquiva sombra que siempre parecía burlar los cánones convencionales, acaben en una conclusión así?

Todavía no se trata de algo probado, pero la idea se está extendiendo poco a poco entre la sociedad y los medios, como una especie de preparación mental a lo que podría considerarse, sin duda, un enorme y vergonzoso error policial. Y tal vez, una muestra más de que el crimen perfecto no existe.

Autora: Lydia Aranda Barandiain

Editor: Pablo Kummetz

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