Islandia está al borde de la bancarrota: un país entero devorado por una burbuja financiera. ¿Cómo es posible que la economía amenace con derrumbarse donde ayer reinaba el pleno empleo? DW-WORLD preguntó a una experta.
Kaupping, uno de los tres bancos nacionalizados.
Islandia: 103.000 kilómetros cuadrados flotando entre Noruega y Groenlandia, en pleno Atlántico Norte; unos 320.000 habitantes que, esparcidos por toda la superficie insular, podrían repartirse entre cada tres un kilómetro cuadrado de territorio nacional.
Reikiavik, capital de la lejana Islandia.
Hasta hace pocas semanas, Islandia era una incógnita para Europa, al menos para la Europa no perteneciente al Consejo Nórdico. Se sabía que en fútbol es un rival fácil, que teniendo en cuenta su latitud debe de hacer mucho frío, que tiene una cantante muy famosa cuyo verdadero nombre es impronunciable y por eso se hace llamar Björk y que el alcohol cuesta allí más de lo que cualquier continental, con excepción quizás de los escandinavos, estaría dispuesto a pagar por él. Algunos bien informados eran además capaces de dar el nombre de su capital: Reikiavik.
De la noche a la mañana, Islandia ha pasado a ocupar páginas en los periódicos europeos. Pero, como suele suceder en estos casos de fama espontánea, los titulares no auguran nada bueno. Para salvarlos del derrumbe, el pequeño Estado acaba de nacionalizar los tres grandes bancos de la isla, asumiendo una deuda que equivale a dos años de presupuesto público y es igual al PIB anual del país. Ahora amenaza la bancarrota nacional.
La cuenta sale cara
Geir Haarde se ha convertido en el primer jefe de Gobierno islandés con guardaespaldas. Cuando las turbulencias en los mercados financieros internacionales no colapsan la economía, la vida transcurre tranquila en Islandia. Pero ya este fin de semana hubo altercados en Reikiavik. Los ciudadanos están enfadados: con David Oddsson, el director del banco central islandés, que trajo el capitalismo agresivo a la isla; y con Haarde, que hasta hace poco aseguraba que el país no se vería afectado por la crisis.
Los islandeses temen que la crisis acabe con el bienesar.
También los expertos del Fondo Monetario Internacional decían en julio que la marcha de la economía islandesa era “excelente”, hoy acuden al rescate con créditos por valor de unos 1.700 millones de euros y el país se convierte en el primer Estado de Europa occidental en aceptar ayuda del FMI desde 1976. Los vecinos escandinavos aportarán otros 2.000 millones de euros. Gran Bretaña y Holanda han prometido ayuda. Incluso Polonia y las Islas Feroe quieren hacer su contribución.
Haarde necesita unos 15.000 millones de euros, hay quien eleva la cifra a 20.000 millones. La especulación excesiva de los tres bancos nacionalizados, Glitnir, Kaupthing y Landsbanki, le va a salir cara al Estado. Se calcula que el endeudamiento público aumentará del 29 al 100% del PIB, las pensiones podrían peligrar, la cuota de desempleo pasar del uno al 10% y la inflación, que a causa de la histeria acumuladora de víveres supera ya el 16%, podría llegar al 20%. Mientras tanto, la corona islandesa sigue cayendo en picado.
Parecía un buen negocio, pero…
Los bancos islandeses se vieron al borde de la insolvencia.