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Ciencia y Ecología

Vuelos parabólicos: una experiencia tan increíble como fascinante

A mi mismo me parece aún increíble. A miles de metros de altura conocí la ingravidez. Haber sido el 1er periodista latinoamericano en vivirlo es un honor que quiero compartir. Aquí trato de describir lo indescriptible.

El periodista de Deutsche Welle José Ospina-Valencia y el alcalde de Colonia-Hohlweide en "estado de ingravidez".

Tratar de escapar a la fuerza de gravedad se puede convertir en una aventura inolvidable. La operación a la que me invitó a participar el Deutsches Zentrum für Luft- und Raumfahrt, el Centro Alemán de Investigaciones Aeroespaciales (DLR), no tenía nada que ver, sin embargo, con aventura y diversión.

 

Los vuelos parabólicos son una de las acciones más complejas que la aeronavegación moderna puede realizar. Algo que es sólo posible por la estrecha cooperación profesional entre socios de la ESA, la Agencia Espacial Europea. Mientras Alemania es líder mundial en el uso de este medio para desarrollar investigaciones en condiciones de ingravidez, Francia ofrece la mejor infraestructura para realizarlo. Europa realiza vuelos parabólicos sólo con fines científicos. Nada de circo para adinerados que pagan por experimentar la sensación.

Científicos y expertos invitados por el DLR tras la operación Gravedad Cero.

En Alemania el DLR organiza dichos vuelos tras una minuciosa selección de experimentos provenientes de institutos, universidades y la empresa privada. Y en su ejecución, la agencia francesa Novespace es la campeona mundial en esta disciplina sin competidores.

 

Por primera vez en castellano

 

Para mí y 39 personas más, la cita fue en el aeropuerto de Burdeos del 26 al 27 de noviembre de 2010. El equipo estaba compuesto por científicos del DLR expertos en aeronáutica, física, transporte, logística, comunicaciones y cinematografía en 3ª dimensión e investigadores que desarrollaron cinco experimentos. Pero también personas cercanas a las ciencias que promueven la investigación en Alemania, como el rector de la Universidad Técnica de Dresde, la encargada de Relaciones Internacionales del Senado de Bremen, así como representantes de la OTAN, Airbus, Lufthansa, el Parlamento Europeo, el presidente de la Asociación Federal de la Industria Alemana (BDI), pero también el alcalde de Colonia y yo como periodista de Deutsche Welle.

 

En todo sentido un estreno. Era la primera vez que se invitaba a un medio online y a un latinoamericano. La transmisión de la operación a través de Facebook y Twitter fue, igualmente, una premiere. Nunca antes habían tenido oportunidad los usuarios de un medio europeo en Perú, México, Colombia, Argentina, España e incluso en Brasil, de seguir tan de cerca el desarrollo de una operación tan importante como fascinante.

 

Después de la asistencia al simposio científico dentro del cual están enmarcados los vuelos parabólicos, llegó el día de la verdad. Con apenas un jugo de naranja en el estómago, elegí la inyección de una dosis de escopolamina - y no las cápsulas - con la esperanza de que la sustancia fuera más efectiva en la práctica “paralización” del tracto digestivo. ¿El fin? Impedir el vómito durante las parábolas. Esto me era más importante en el momento que los efectos secundarios anunciados por el médico: glaucoma y aumento del tamaño de la próstata.

 

Y en efecto. No habían pasado cinco minutos cuando ya sentía hasta la lengua casi entumecida. A ésto se agregaba un desaliento que temí fuera a dominarme por completo. Pero tan pronto se anunció el abordaje del imponente A 300 Zero Gravity mi propia producción de adrenalina se encargó de equilibrar mi organismo que luchaba entre la debilidad, la expectativa y una no despreciable porción de temor.

 

dw.de

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