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América Latina

"Aló, habla el Presidente..."

Por si acaso, la ley

Hugo Chávez radicalizó su postura contra los medios privados tras golpe de Estado de 2002.

En consecuencia, refomas constitucionales, nuevas leyes de medios y medidas administrativas se proponen rebalancear el peso relativo de los actores, heredado del período neoliberal de los ’90 –con un predominio absoluto de los medios comerciales privados sobre los estatales y los de la sociedad civil.

Venezuela encabeza una fuerte política de creación de medios estatales, con tres canales de televisión y unas 30 radioemisoras públicas, además de Telesur (para toda América Latina). En Ecuador se crearon por primera vez un diario público (El Telégrafo) y una televisora nacional (EcuadorTV) y se relanzó la radio pública. En Brasil se reunieron sociedad civil, Gobierno y empresariado en la Primera Conferencia Nacional de Comunicación y se creó la primera televisión pública nacional. En Argentina la nueva y polémica ley de medios (sin implementar) supone igualmente el fortalecimiento del sector público.

Medios públicos o gubernamentales

Las políticas de promoción de medios comunitarios (financiamiento de equipos, facilitación de licencias, reconocimiento público y constitucional como actores legítimos de la comunicación), generan al mismo tiempo cierta tensión entre estos actores “que son aliados pero al mismo tiempo sienten el peligro de su instrumentalización y el cuestionamiento de su autonomía constitutiva”, advierte Philip Kitzberger.

En general existe una discusión sobre el carácter público o gubernamental de estos medios: “En Venezuela no hay sutilezas, el ministro de Comunicación Andrés Izarra ha declarado que necesitan los medios públicos para contestar a los privados. En Ecuador y Brasil los gobiernos se cuidan de presentar cierta autonomía de los medios porque saben que eso repercute en su recepción”, dice Kitzberger.

Adicionalmente, las nuevas leyes de medios y en algunos casos las constituciones han establecido restricciones a la concentración de la propiedad y las cuotas de audiencia de los medios comerciales privados, fijan cuotas de uso público (o gubernamental) de estos medios, cuotas de producción nacional –lo que, desde la perspectiva de las grandes empresas mediáticas, “afecta el negocio”.

Populismo (mediático): ¿exclusivo de la izquierda?

Cuando Menem ganó las elecciones en 1995 consideró que le había ganado a la prensa.

Mirado a escala global, más que considerarlo un fenómeno de izquierda o derecha, este activismo político se relaciona para Jorge Gordin, politólogo del GIGA-ILAS, “con el activismo que tuvieron la oposición o el oficialismo en el pasado”, así como las relaciones de ambos con los medios. En España, desde el Partido Popular, José María Aznar acusaba al periodismo de "izquierdista". En la Argentina de Carlos Menem se le acusaba de “instrumento y micrófono de intereses tecnocráticos neoliberales”, recuerda Gordin.

Los gobiernos neoliberales de los ’90 tenían también prácticas agresivas contra los medios. Menem usó una estrategia de persecución judicial. El conservador presidente de Colombia, Álvaro Uribe, tiene también una emisión semanal de sus Consejos Comunales.

Así que los actuales gobiernos de izquierda no han renunciado a viejas prácticas; pero tienen un repertorio nuevo y se distinguen –según Kitzberger– de gobiernos de la región con distinto tinte ideológico, por el insistente discurso y revisión crítica exhaustiva de los sesgos de los grandes medios (privados, opositores) en variados espacios de los medios públicos o gubernamentales.

Cada uno con estilos y bajo condiciones propias: En Bolivia se prioriza un discurso de reivindicación étnica, en Venezuela se organizan “las guerrillas comunicacionales de Chávez –grupos de personas que hablan con la gente cara a cara, pintan paredes, postean en Internet contestando el mensaje de los 'medios dominantes'”, ejemplificó Kitzberger.

Fenómeno global

Tony Blair y Bill Clinton también "disciplinaron" a la prensa.

Sin embargo, la intervención de los ejecutivos en el ámbito mediático se ha globalizado en las últimas décadas y no excluye a gobiernos liberales. Si bien la experiencia de Chávez parece haber servido de modelo en América Latina, el “disciplinamiento de fuentes” o la “inducción de noticias” en los medios (el llamado “spin doctoring”) fueron popularizados por Tony Blair y el nuevo Laborismo británico. Otros aprendizajes positivos y negativos se derivan de populismos liberales europeos entre los que destaca el caso Berlusconi en Italia, o de la comunicación de crisis (“war room”) de Bill Clinton.

Entre los retos de los gobiernos de izquierda latinoamericanos continúa pendiente el balance entre la profesionalización, regulación y autorregulación periodística por un lado, y la posibilidad de coartar el acceso generalizado a los medios y la producción de información o de producir regulaciones excesivas que sobrecarguen el aparato estatal, por otro.

“Se puede tener la Ley de Medios más progresista del mundo y al mismo tiempo un Estado que la utiliza como instrumento político”, señaló Ramírez Voltaire a DW-WORLD. La “pregunta del millón”: ¿cómo crear, en el contexto regional, a contrapelo de los diversos intereses económicos y políticos, espacios y órganos que garanticen una comunicación más abierta, plural, una cultura de debate y no de guerra comunicativa?

Autora: Rosa Muñoz Lima

Editor: Enrique López Magallón

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