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Literatura

Laura Alcoba: un libro sobre vivos y muertos

En su libro usted elabora lo vivido durante la dictadura militar argentina y trabaja con la memoria. ¿Piensa que es importante continuar con ese trabajo a nivel literario o cree que es algo obsoleto?

No creo que un tema se agote o se termine. De hecho, sabemos perfectamente que en Europa se sigue escribiendo sobre lo que ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial y se va a seguir escribiendo. No hay un momento en que un tema pasa de moda o está de moda. El tema es saber en qué la literatura puede abordarlo de manera interesante. No es lo mismo un texto literario que un testimonio. Creo que, aunque en mi libro hay un valor testimonial, lo quise abordar como una novela. Escribí otra novela que se publicó en Francia hace unos meses y que no tiene nada que ver con ese tema. Y no creo que haya o que no haya que escribir sobre ese tema, sino porque yo sé que tengo algo que hacer desde la literatura con ese tema.

¿Qué papel ocupa la militancia de sus padres en Montoneros en su literatura? ¿Es literatura política?

No, no lo diría así. Digamos que me interesa el tema político como tema. Pero para mí era muy importante cuando escribía ‘La casa de los conejos', que se llama Manège en francés, el idioma en que lo escribí. Para mí era muy importante no caer en lo que yo veo como una doble trampa: por un lado, la idealización de una lucha que no fue la mía y que no es la mía, y, por el otro lado, la condena de la generación de los padres. Hubo tantos muertos en Argentina en ese momento, que esa condena me parecía casi una obscenidad. No quería caer ni en una trampa ni en la otra. De hecho, no reivindico la lucha montonera en absoluto. En ese momento tenía siete años. Crecí en otro sitio, en un país democrático. O sea que no viene al caso reivindicar o ensalzar eso. Lo viví como un momento histórico argentino sumamente violento y lo traté literariamente desde la experiencia infantil. Políticamente, puedo situarme hoy, pero, con respecto a ese momento, lo tengo en claro es que condeno, por supuesto, los horrores de la dictadura. Lo que se ha llamado en Argentina la teoría de los dos demonios creo que es algo en lo que, personalmente, no me reconozco en absoluto. Pienso que los horrores de la dictadura fueron tales que no hay que dejar de reiterarlo y decirlo. No obstante, ese momento de la historia argentina fue un momento muy violento que no termino de entender, hay un enigma que me sigue ocupando, y que desde la interrogación me interesa, y probablemente va a seguir estimulándome literariamente, y sé que voy a volver a ese tema, pero con más preguntas que respuestas. Sobre todo con respecto a la opción de la lucha armada. De hecho, yo me encontré como niña en una organización armada. Pero visto desde el presente, sigue siendo un enigma. Pero es un problema muy complejo.

¿Por eso el título ‘Manège'?

Manège significa tío vivo, calesita o carrusel, y evocaba el universo infantil. Por el otro lado, evocaba los movimientos un poco obsesivos, la manera en que las imágenes que tenía en mente giraban sobre sí mismas de manera repetitiva, que tiene que ver probablemente con el tiempo traumático. Al mismo tiempo, es un juego de palabras. Manège significa en francés maniobra, manipulación, y ahí hay una alusión a un elemento de la intriga. Hay una hipótesis que tiene que ver con la manera en que la casa de los conejos fue identificada por los militares. Y Manège alude a esa maniobra bastante sutil de uno de los personajes de la novela. No se conservó en los idiomas a los que se tradujo, ni al inglés ni al castellano. En alemán se tradujo como ‘Das Kaninchenhaus'.

Autora: Cristina Papaleo
Editor: José Ospina Valencia

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