En las Islas Malvinas se proyectan muchas cosas del imaginario argentino. Algunas son fantasías, y a veces la fantasía hasta supera a la realidad.
Sí, de hecho yo utilizo la imagen del Test de Rorschach, esas manchas simétricas que utilizan los psicoanalistas para que los pacientes asocien libremente, porque las Malvinas tienen esa simetría. Yo creo que en las Malvinas cada uno, individuo o colectivo, ve lo que quiere ver. Son un poco un mapa de las fantasías, de las utopías y de las frustraciones argentinas.
¿Cuál es tu próximo libro?
Mi novela aún inédita se llama ‘Un yuppie en la columna del Che Guevara'. Y en ella habla otra vez el personaje de Felipe Tamerlán, presente en ‘Las Islas' y en ‘La aventura de los bustos de Eva'. A lo largo de la historia de los Tamerlán aparece la línea de la violencia, la violencia de Estado, la violencia familiar, y el problema de cómo cortar esa cadena. Tamerlán muere a manos de su propio hijo. En Las Islas quise establecer un paralelo entre el gesto de Argentina de volverse contra de Inglaterra, país que siempre se miró con recelo y admiración. Digo, la conquista de Malvinas siempre fue un intento de colonizar a los colonizadores, y el gesto del hijo de volverse contra el padre. En la guerra del hijo contra el padre el hijo siempre pierde, una victoria contra el padre es una victoria pírrica, porque es la destrucción de los propios orígenes. Así que me interesaba ver también esos callejones sin salida en los cuales la lucha contra el poder derrota su propio propósito. ¿Cómo luchar contra la violencia o el poder sin volverse uno mismo un espejo de aquello contra lo cual se está luchando?
¿De qué manera marcaron las diferentes etapas de la historia argentina, desde la dictadura, pasando por el menemismo y la crisis de 2001, la nueva narrativa argentina?
En mis intervenciones en Leipzig y en Berlín el 24 de marzo, en el aniversario del golpe de la Junta Militar en Argentina, intento elaborar la idea, desde la figura del escritor, de cuáles son las cosas que nos marcan y nos llevan a escribir. Alguna vez un lector me dijo ¿cuándo podemos esperar una novela suya sobre la crisis del 2001 y el corralito? Y me quedé pensando y dije que esa novela no la iba a escribir. Fue una época demencial, pero, para decirlo de una manera sencilla: para cuando pasó todo eso yo ya era yo. Mi personalidad ya estaba constituida. Son cosas fuertes que me pasaron pero no sé si me transformaron o me marcaron, o si son hasta tal punto parte de mi identidad, de esas raíces a veces secretas e invisibles de la identidad. Y creo que la literatura se vuelve más poderosa cuando intenta explorar esas zonas. En cambio, la dictadura, la guerra de Malvinas, y los hechos anteriores a la dictadura, sucedieron en mi infancia y en mi adolescencia, y yo estoy hecho de eso, no son cosas que me pasaron, son cosas que me hicieron lo que soy. En ese sentido, creo que la literatura de la nueva generación, ya sean hijos de militantes o desaparecidos, o simplemente personas para quienes toda esa época es parte de la memoria familiar, pero no de la memoria conciente, directa, paradójicamente por no haberlo vivido o no tener recuerdos concientes creo que a veces indagan con mayor fuerza. Porque ellos también saben o presienten que esa es la materia de la que están hechos. Y creo que la escritura de ficción es una herramienta literaria, quizás la más poderosa, para indagar en esa zona de la historia y del alma de cada uno.
Autora: Cristina Papaleo
Editor: Enrique López Magallón