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Economía

Europa: una deuda agobiante

Casi todos los gobiernos europeos invierten para hacer frente a la crisis financiera y económica. La otra cara de la medalla: la deuda pública aumenta irrefrenablemente.

Deudas mayores que el PIB de todo un año

Catastrófica es, por el contrario, la situación en Bélgica, Grecia e Italia, que desde hace años originan gran preocupación en la UE. En los tres países, la deuda total sobrepasa ya el 100 por ciento del PIB, es decir, las deudas asumidas en el pasado son mayores que el total del producto interno bruto de un año.

Grecia cuenta con una ligera recuperación en los próximos tiempos. Pero los helenos han manipulado en el pasado las cifras de su presupuesto, por lo que ahora también se tienen dudas en cuanto a la veracidad de ese pronóstico optimista. En Italia, las cosas están más claras: la deuda pública total italiana desde 2005 hasta ahora ha aumentado en más de un 7 por ciento, llegando al 127,3 por ciento.

Aquellas obras públicas trajeron estas deudas...

Tampoco Alemania es un alumno modelo en cuanto a deuda pública. Ya en 2005, es decir mucho antes de la crisis financiera y económica, la deuda germana estaba, con un 71,1 por ciento, por encima del máximo autorizado por Maastricht. Y hasta el 2010 aumentará, de acuerdo con cálculos de la OCED, en otro 13 por ciento.

Pero eso no es todo. El endeudamiento público tiene en Alemania, como en la mayoría de los otros países de la UE, otra nefasta consecuencia: el aumento de los pagos por intereses. Alemania pagará en 2010 aproximadamente un 3 por ciento del PIB –más de 72.000 millones de euros– por concepto de intereses. Son 9.600 millones de euros más que en 2005.

Italia, Gran Bretaña y Francia: los más endeudados

Tampoco en el resto de Europa las cosas van mejor. Italia pagará 9.000 millones de euros más y Gran Bretaña incluso 11.000 millones de euros más. Y eso no es nada comparado con Francia: el Estado galo deberá pagar el año próximo unos 15.000 millones de euros más que en el 2005 por intereses de deuda.

Que ello no puede seguir así es evidente. La cuestión es ahora qué medidas tomarán cada uno de los países para reducir la presión de las deudas. Fundamentalmente se ofrecen dos posibilidades: un aumento de los impuestos, para aumentar la recaudación, o un riguroso plan de recorte de gastos. La ventaja del primer recurso es que, de aumentarse por ejemplo el IVA, la carga se reparte entre toda la población. El problema en ese caso es que se verán afectadas más gravemente sobre todo las capas de población de menos recursos. Un recorte de gastos, según cómo se lleve a cabo, puede afectar a determinados sectores más que a otros, pero se evitaría probablemente los efectos masivos indiscriminados.

Una tercera opción ofrecen los partidarios del liberalismo económico: aunque parezca paradójico, postulan una reducción de impuestos para aumentar la recaudación. El mecanismo: una disminución de la carga impositiva da impulsos a la actividad económica, lo que a su vez redunda en un aumento del producto y por ende de la recaudación. Esa vía ya fue intentada por Ronald Reagan durante su Gobierno. La consecuencia fue un enorme déficit presupuestario. La apuesta no está por lo tanto exenta de riesgos. Pero de lo que no queda duda es que por alguna opción se deberán decidir los Gobiernos no bien la actual crisis comience a perder virulencia.

Autor: Pablo Kummetz

Editor:

DW.DE

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