Casi todos los gobiernos europeos invierten para hacer frente a la crisis financiera y económica. La otra cara de la medalla: la deuda pública aumenta irrefrenablemente.
Un suspiro de alivio recorre Europa. Los políticos registran con satisfacción que las economías del continente se están recuperando. Esas perspectivas le quitan a la actual crisis algo de su dramatismo.
En 2009, el producto interno bruto (PIB) de la Unión Europea disminuirá casi un cuatro por ciento. Pero el tobogán va nuevamente hacia arriba: para el 2010 se cuenta ya con un crecimiento económico de alrededor del uno por ciento.