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América Latina

Referéndum en Bolivia: "la Constitución no soluciona el problema”

Entre los defensores del "sí" y los del "no" se extiende una brecha en Bolivia.

Actos como la nacionalización de la petrolera mixta Chaco un día antes del referéndum no ayudan a tender una mano a la oposición, ni sirven al pacto nacional…

Ambas partes juegan mucho a la provocación. Los enfrentamientos han sido muy duros. En Pando, partidarios del prefecto atacaron a un grupo de manifestantes indígenas: 18 personas murieron, 70 permanecen desaparecidas y el informe de la Unión de Naciones Sudamericanas, que investigó el caso, califica los hechos de masacre.

Por otro lado, el Gobierno no ha logrado hacer partícipe del proceso constitucional a un espectro amplio de la sociedad. De esto no sólo se queja la oposición de derechas, sino también los representantes de los movimientos sociales: ellos fueron quienes lucharon por colocar la redacción de una nueva Constitución en la agenda política y a la hora de la verdad se han visto marginados de los acontecimientos.

Y, ciertamente, en cuestiones como la de Chaco, sería bueno que el Gobierno de Morales tuviera un poco más de tacto.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, el pasado domingo en La Paz.

¿Se ha dejado entonces pasar la oportunidad de lograr un consenso?

La esperanza de acabar con la separación del país y con los conflictos sociales que podría haber representado este proceso constitucional no se ha visto realizada, y eso es lo decepcionante. Si se hubiese logrado con anterioridad al referéndum un apoyo amplio al texto constitucional, o se hubiese sellado un pacto nacional, quizás hubiera sido posible.

Pero también hay que echar un vistazo a la oposición en Bolivia. Los prefectos no han dejado títere con cabeza a la hora de boicotear el proceso: se propagaron datos incorrectos, se pusieron en circulación textos constitucionales falsificados, hubo una campaña no de la Iglesia, que se ha mantenido neutral, pero sí de algunos sacerdotes que aseguraban que la nueva Constitución permitiría el amor libre y el aborto, que se trataba del fin del catolicismo… Y a todo esto hay que sumarle el tono racista que sugiere que los indígenas no son aptos para el gobierno.

¿Cómo unir a unos frentes tan antagónicos?

Es difícil de decir. Se han hecho muchos intentos, también desde el exterior: los Estados americanos se han ofrecido como mediadores; Brasil, a pesar de que los intereses de Petrobras se ven afectados, apoya las nacionalizaciones… se han realizado 100 modificaciones al texto constitucional, consensuadas no con los prefectos, pero sí con los partidos de la oposición en el Parlamento…

Yo creo que un factor importante va a ser la creación de autonomías. Aquí, el Gobierno va a tener que negociar con la oposición y el país ir transformándose poco a poco en un Estado federal.

Pero, ¿pueden convivir dos visiones tan diferentes: una que a nivel nacional propone el control de la economía por parte del Estado y otra que a nivel regional apuesta por el liberalismo?

Yo creo que ahora mismo no es posible, y los últimos años lo han demostrado. Habrá que esperar: éste es un proceso que va para largo.

Un boliviano ondea la bandera del departamento de Santa Cruz.

Por el camino, ¿podría Bolivia perder algunas regiones?

Los Estados vecinos no reconocerían una división del territorio boliviano: creo que en este punto los países americanos están todos de acuerdo.

Con los resultados del referéndum del domingo casi confirmados, con un presidente que quizás empiece a optar por el decreto, ¿qué pronostica usted para los próximos meses?

El siguiente enfrentamiento está programado. El Senado tiene que aprobar la ley electoral que servirá para que se celebren los comicios de diciembre: ésta será la pelea por lo menos hasta abril.

Y no hay que olvidar que la crisis financiera va a dejar su huella en Bolivia y que, con los precios del gas a la baja, el Gobierno va a disponer de poco dinero para invertir en las necesarias infraestructuras y para repartir la riqueza como prevé la nueva Constitución.

dw.de