La iglesia de San Nicolás: centro las manifestaciones de 1989.
Usted siempre proclamó la no violencia y animó a los manifestantes a no dejarse intimidar por el ejército, incluso cuando entraban en acción los tanques, ¿de dónde sacaba la certeza de que todo iba a salir bien?
No teníamos ninguna certeza de que fuera a ser así. Teníamos miedo, día y noche, pero la fe siempre fue mayor que el miedo. Jesús nos había enseñado el poder de la no violencia, y esa era nuestra única arma. En el momento que usáramos violencia, nos volveríamos como ellos y perderíamos la bendición de Dios. Esto fue lo que logré transmitirles a los jóvenes en las oraciones por la paz y, sorprendemente, todos lo aceptaron.
Lo que vivimos entonces me emociona todavía hoy: en un país no cristiano, la masa resumió la bienaventuranza del sermón del monte de Jesús en unas pocas palabras: “¡No a la violencia!“. Y no sólo lo proclamaron, sino que lo practicaron consecuentemente. Si algo mereció jamás ser tildado de milagro fue aquello. Ninguno de nosotros había hecho jamás la revolución: era nuestra primera vez, y la llevamos a cabo sin derramar sangre. Y ese fue el principio.
¿Quiere decir que sin los habitantes de Leipzig no habría existido la revolución pacífica de la RDA?
En mi opinión, no. Porque nosotros teníamos algunas cosas que no existían en otros sitios, como las oraciones por la paz, que practicábamos todas las semanas desde hacía tiempo, o un importante grupo de personas que quería abandonar el país. El hecho de que todos permaneciéramos unidos bajo el techo de nuestra iglesia fue algo único. Y eso atrajo a las masas. Vino gente de toda la RDA: el 9 de octubre de 1989 no sólo se acercó gente de Leipzig o del Estado de Sajonia, sino de toda la República. Sin Leipzig no habría habido 9 de noviembre de 1989, y mucho menos el 3 de octubre de 1990 [fecha en que se firmó el tratado de reunificación de las dos Alemanias].
23 de octubre de 1989: "lunes de manifestación" en Leipzig.
¿Qué queda hoy de la revolución pacífica de la RDA?
Creo que deberíamos de recuperar aquel coraje civil para intervenir y participar, en lugar de decir “ya se hará cargo alguien...“ o “ya se arreglarán las cosas…“. Tenemos que asumir la responsabilidad y ocuparnos de nuestro país. Los alemanes hemos hecho los sacrificios más absurdos. Ahora hay que sacrificarse por lo que vale la pena, por esta Alemania reunificada, por este país maravilloso y esta democracia. Tenemos que comprometernos y no huir de las dificultades. Y la manera más fácil de llevar esto a cabo es a través de la participación electoral. Esa fue una de las reivindicaciones del otoño de 1989, ¡las elecciones libres!
Usted dice que “Alemania es un país maravilloso, una democracia maravillosa“, sin embargo, ha criticado muy duramente el proceso de reunificación. En su opinión, ¿qué se ha hecho mal?
Pues, por ejemplo, la fiesta nacional debería ser el 9 de octubre, y no el 3. Esto habría fomentado la autoestima de los ciudadanos de la antigua RDA. Porque fue aquí, en la Alemania del este, donde dio el paso hacia la reunificación, y eso sin ayuda externa.
Otro error es el nombre: el país no puede seguir llamándose República Federal de Alemania. Para mí, la RFA es sólo a una parte de Alemania. ¡Imagínese si hubiéramos querido que la nueva Alemania se llamara RDA! ¡Nos habrían tomado por locos! Pero así se le pudo dar a los alemanes occidentales la sensación de que todo seguía como antes, de que nada había cambiado, salvo que ahora se les había agregado un trozo de territorio.
Y finalmente, el himno: los nazis ensuciaron esa canción para siempre, así que no puede seguir siendo el himno nacional.
La iglesia de San Nicolás sigue siendo hoy lugar de manifestación.
En la iglesia de San Nicolás siguen rezando por la paz: por África, por la agricultura sin manipulación genética... ¿No sería mejor movilizar a la gente contra la injusticia a andar rezando cada semana por algo distinto?
Todos los años realizamos tres oraciones por la paz referidas al tema desempleo. En 1992 fundamos un círculo de charlas llamado “Esperanza para los desocupados”. Y solemos organizar actos contra el neofascismo.
¿Y han logrado reducir la presencia de neonazis?
Neonazis siempre va a haber, pero si la población no se deja intimidar habremos dado un gran paso hacia adelante. Lo importante es que la gente no se deje amedrentar por unos pocos que formando mucho escándalo parecen muy fuertes, pero en realidad sólo viven del miedo que de los otros. Tenemos que eliminar ese miedo. Y lo mismo hay que hacer con el tema del desempleo y con todo lo demás. Para estos efectos las oraciones por la paz siguen funcionando.