G. Haarde, primer ministro islandés, "quizás tendríamos que volver a pescar".
Comprar sí, pero con dinero propio
Muchos critican ahora al Gobierno islandés por haber concedido en este juego carta blanca a los bancos. “Por supuesto que el Gobierno podaría haber restringido la adquisición de créditos en el extranjero”, dice Schäfer, “pero ningún Ejecutivo que se sienta en lo más mínimo ligado a la economía de mercado hace algo así”.
Tampoco los bancos cargan en exclusiva con la responsabilidad de lo que está sucediendo en Islandia. “Todos los implicados son en parte culpables, y eso incluye también a los ciudadanos”, recuerda la economista, “los islandeses han pagado gran parte de su bienestar con dinero prestado, con los créditos que les concedían las entidades financieras.”
Una casa, un coche y un barco se convirtieron en tres objetos que todo islandés debía tener en propiedad, independientemente de cómo fuera a financiarlos. Al mismo tiempo, la especulación inmobiliaria vivía sus horas altas, y en la isla norteña proliferaron apartamentos de lujo que ahora nadie sabe a quién vender. “A lo mejor tendríamos que volver a pescar”, dice el primer ministro Haarde. La pesca es la rama más tradicional de la industria islandesa y el pescado es uno de los pocos productos que no es necesario importar.
Schäfer propone una solución más pragmática, pero seguramente igual de dolorosa para los islandeses. “Primero hay que evitar la bancarrota, para eso está el dinero que se le ha prestado al país. Luego hay que sanear las entidades- cabe plantearse si un Estado de 300.000 habitantes, que es lo que tiene una ciudad de mediano tamaño en Alemania, necesita tres grandes bancos”, enumera la experta.
“Y, en tercer lugar, hay que suspender temporalmente la concesión de créditos a la población que tendrán que controlar sus gastos durante un tiempo, ahorrar y comprar después con dinero propio lo que hasta ahora compraba con el de los bancos.”