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Economía

Latinoamérica: objeto de los deseos europeos

No sólo hablando español se llega lejos

En tan adversas condiciones construye Gasprom sus gaseoductos.

Tradicionalmente, los españoles han sostenido la teoría de que el idioma abre las puertas que se cierran para otros. Pero si los rusos ponen buenas ofertas sobre la mesa, hasta el frío y distante Moscú logra hacerse camino con más agilidad que el cercano ibérico y toda la carga del pasado histórico.

El gigante estatal ruso Gasprom es un ejemplo de ello. Con Wladimir Putin como embajador principal, el consorcio ha sabido aunar política y negocios para implantar una eficiente táctica: aliarse con otras empresas estatales. Petrobras, YPFB, la argentina TGS y la venezolana PdVSA son los socios latinoamericanos de Gasprom.

Gasprom quiere ser, además de gigante, internacionalmente influyente y para eso ha emprendido la labor de extenderse en el mercado latinoamericano. Para los latinos, la compañía de Gasprom tiene muchas ventajas: su experiencia en la explotación del gas, en la construcción de gaseoductos, en el tendido de piperlines bajo mar y en el desarrollo de sistemas integrados de abastecimiento energético.

La petrolera PdVSA es socia de Gasprom en Venezuela.

El presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, parece mantener buenas relaciones con Evo Morales, y su vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, se esfuerza por calmar los ánimos en relación al conflicto de Repsol YPF con la fiscalía boliviana. La estrategia de Putin es quizás menos florida en palabras, pero bastante efectiva.

De Hugo Chávez, el presidente ruso ha recibido la garantía de que las inversiones de su país en el gas y el petróleo venezolanos no correrán peligro y, aunque oficialmente nada se haya concretado, se presenta prácticamente como un hecho que Gasprom recibirá el encargo de construir el mega-gaseoducto entre Venezuela, Argentina, Bolivia y Brasil. Este gaseoducto recorrerá 8.000 km, transportará al día 150 millones de m³ de gas y su construcción costará 15.000 millones de dólares: un suculento pedazo de pastel para los rusos.

dw.de