¿Muchos opinan, sin embargo, que si se concede ese tipo de visas la gente se quedaría y se intensificaría el efecto llamada?
El efecto llamada habrá siempre que la gente no sepa si y cómo va a sobrevivir. Sin embargo, con la inmigración ilegal hay muchos más problemas: la gente es esclavizada, bajo el nivel salarial de los demás, no hace aportaciones al sistema social, y se queda cinco o diez años en el país.
¿Qué probabilidades de éxito tiene el Plan de Acción acordado en Rabat?
Tiene algunos aspectos interesantes e importantes. Como por ejemplo, que se diga que se va invertir en ayuda para el desarrollo a largo plazo. O que se acuerde facilitar las remesas de dinero. Si uno ve que alguien enviando 200 dólares a Ghana puede solventar a su familia, ¿por qué tiene que pagar 40 dólares por una remesa internacional? Son puntos en los cuales los bancos hacen un gran negocio, y le quitan a la gente el dinero que ha ganado duramente. Las remesas, sean de gente legal o ilegal, son una parte decisiva del ingreso de las familias en el país de origen. Es el viejo principio del gastarbeiter.
Otro punto importante de la Conferencia de Rabat es que se haya acordado que necesitamos una política común de repatriación de migrantes. No puede ser que Senegal se niegue a acoger a sus propios ciudadanos, después de que los ha echado. Está bien que se haga presión a esa nación, son sus ciudadanos. Y nosotros tenemos fronteras que deben ser respetadas. Ese es un punto, que por más duro o exagerado que suene, no podemos acoger a toda África o Asia.
¿Tienen razón las organizaciones no gubernamentales que han comentado: en esta conferencia se trata de seguridad y de repatriación, no de desarrollo?
En cierta manera sí. Si yo como político decido aquí o en España abrir las fronteras, mañana tengo terribles tensiones sociales en el país. Y eso no puede ser. Debe ser equilibrado, tanto la repatriación como la migración legal y el acceso al mercado laboral. Regularizar a los ilegales que estén, por decir algo, cinco años en el país. Algo está claro: por más alto que construyamos el muro en el Mediterráneo, la gente lo cruzará. La migración ilegal es tan vieja como la humanidad.
Si estuviese en su mano solucionar el problema de los africanos llegando a la costa de España, ¿qué haría?
Dejando aparte los grandes proyectos de ayuda al desarrollo, impulsaría pequeños proyectos, familiares, en los pueblos para que la gente pueda subsistir. No estoy hablando de proyectos a niveles gubernamentales, cuyos dineros no llegan al pueblo. Hay que hacer otro tipo de proyectos, basados en la manpower desde aquí, asesorándolos, como lo hacen las iglesias, algunas ONG´s y la misma GTZ.
A la vez hay que decir en cuanto a la gente que ha llegado a las costas, en caso de no haber acuerdos de repatriación tiene que ser tratada como refugiados y asesorados con miras a la integración. En Lampedusa y Malta hay que hacer algo para crear condiciones más humanas. Y hay que combatir la criminalidad: las bandas de transportistas tienen que ser castigadas, aquí y en los países de origen. Y también debe castigarse a los que emplean fuerza laboral ilegal para explotarla. Pero todo eso no sucederá pasado mañana.
¿Y cree usted que sucederá algún día?
Tomará su tiempo, pero básicamente soy optimista, de lo contrario debería abandonar la política. Además si el ser humano no fuera optimista, todavía seguiríamos en la edad de piedra.
Wolfgang Kreissel-Dörfler, experto en migración del SPD, es parlamentario europeo y miembro de la comisión de libertades civiles, justicia y asuntos interiores, así como de la de desarrollo.