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Ciencia y Ecología

¿Somos tan viejos o tan jóvenes como nos sentimos?

¿Edad cronológica o edad biológica?

El proceso senil comienza a los 30 años, aunque no lo percibamos, pero, por lo general, es recién a los cuarenta

cuando mucha gente comienza a preocuparse por los primeros signos de envejecimiento. La edad no cambia sólo el cuerpo, sino también la psiquis. Christoph Bamberg, experto en terapia antienvejecimiento, relata a Focus que “a partir de cierta edad surgen las depresiones, causadas en parte por el fin de la actividad laboral. Además, las hormonas disminuyen su producción y acentúan los síntomas. En las terapias antienvejecimiento se analiza el nivel hormonal en la sangre y, en ciertos casos, se indica una substitución hormonal recetando estrógenos o testosterona. Una consulta de este tipo con análisis hormonal puede llegar a costar 800 euros”.

Además, dichas terapias ofrecen complejas evaluaciones biológicas de la persona y dietas antioxidantes para evitar la formación de radicales libres, moléculas causantes de muerte celular.

Pero ¿dónde ven los expertos la frontera entre envejecimiento normal y enfermedad? “Envejecer es un proceso natural que aumenta el riesgo de contraer enfermedades y disminuye la calidad de vida", dice Bamberg. El objetivo sería, según el experto, prevenir y minimizar ambas desventajas. “Lo ideal es que todos los órganos envejezcan al mismo tiempo. Si de pronto aparecen fuertes dolores o pérdida de la memoria, seguramente se trata de una enfermedad”. Lo común es que muchas personas mayores tengan sus achaques, pero que todo funcione tan bien como para que puedan seguir viviendo normalmente.

Los optimistas envejecen más lentamente

El cuerpo es lo suficientemente robusto como para compensar los síntomas seniles. Según el experto, el

organismo reacciona a los cambios con todos los medios a su alcance. Así, muchos ancianos se aferran al bastón cuando se sienten inseguros al caminar. A nivel biológico, el cuerpo compensa muchos procesos. “Cuando mueren las células musculares, se agrandan las fibras vecinas para mantener el funcionamiento normal”, prosigue Bamberg. Lo mismo valdría para las neuronas, que remplazan a sus compañeras muertas. Y también la psiquis equilibra la merma en el rendimiento. “Cuando no podemos competir nadando, probamos correr. Si ya no podemos correr, intentamos bailar. Es incorrecto pensar que la persona mayor ya no puede hacer nada”, enfatiza. Para Bamberg, una actitud positiva podría retardar la vejez. Y comenta que en un estudio realizado en EE.UU. los individuos que disfrutaban de la vida y miraban al futuro con optimismo resultaron ser menos afectados por la senilidad que sus iguales más pesimistas. La psiquis y el estado de ánimo no pueden detener la vejez, pero sí retrasarla.

dw.de