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China: Un silencio ensordecedor

Matthias von Hein / JAG4 de junio de 2014

Cualquier recuerdo del movimiento democrático y la masacre de Tiananmen en 1989 está siendo reprimido. El Partido Comunista teme el mensaje: “Una China libre es posible”, considera Matthias von Hein.

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Imagen: Reuters/Kim Kyung-Hoon

El que controla el pasado, controla el futuro. Y el que controla el presente, controla también el pasado. Esta frase de la novela de George Orwel “1984” expresa la cara sombría de un estado totalitario. Una frase perfecta para explicar el comportamiento de los dirigentes chinos en relación con la sangrienta masacre del movimiento democrático de hace un cuarto de siglo.

Control del presente

No cabe duda que el Gobierno chino quiere tener el control sobre el presente. No quiere que se vea otra cosa que no sea la versión oficial. Oficialmente, en la noche del 3 al 4 de junio de 1989, se terminó con un levantamiento contrarrevolucionario, luchando por la estabilidad y para evitar el caos. Nadie debe recordar que millones de personas se manifestasen hace 25 años en las calles pidiendo más libertad y participación. Es decir, democracia.

Matthias von Hein, de la redacción china de DW.
Matthias von Hein, de la redacción china de DW.Imagen: DW

También se silencia que los 52 días de protestas en primavera de 1989 transcurrieron pacíficamente y sin violencia. Al igual que se silencia la lucha de poderes dentro del politburó o la marcha del ejército contra el pueblo, después de que el núcleo duro se impusiese en esa lucha de poder. Toda la primavera de 1989 es un tema tabú. Todo un pueblo está obligado a sufrir amnesia. Quien intente contravenir este intento de controlar el pasado, sentirá la dureza del aparato. Amnistía Internacional publicó una lista con más de 50 nombres relacionados con estos sucesos, detenidos o bajo arresto domiciliario con motivo del aniversario.

Nacionalismo y capitalismo

Actualmente, pocos pueden imaginarse las amplias reformas políticas que quería implantar el sector liberal del Partido Comunista (PC) en 1989. La libertad de prensa estaba en la agenda del entonces jefe del partido, Zhao Ziyang. Incluso la separación de las funciones del partido y el Gobierno. Pero los tanques de la plaza de Tiananmen echaron todo por tierra.

Bajo el liderazgo del patriarca Deng Xiaoping, el Partido Comunista se decantó contra la libertad, por la dictadura y la represión. El PC se siguió en solitario como más alta instancia de la política. Cambió todo su capital ideológico para convertirse en el partido del Capitalismo de Estado. El nacionalismo llenó el vacío ideológico- al igual que la oportunidad de ganar dinero. Esta política permitió un milagro económico, pero también la corrupción que llega hasta los más altos cargos del Partido Comunista. Llevó a la sociedad a sufrir las diferencias económicas más grandes del mundo, dejando tras de sí un medio ambiente arrasado y envenenado.

Recuerdos prohibidos

La población fue sometida a un lavado de cerebro sin precedentes, implantando un mensaje: China no se puede entender sin el Partido Comunista. Por lo tanto, toda crítica al partido es una crítica a China. Los ataques desde dentro son antipatriotas y los de fuera son ataques enemigos. China destina cifras impresionantes para vigilar al pueblo y mantenerlo controlado. Más fondos para la seguridad interna que para la defensa.

Ahora, en el 25 aniversario de la masacre del movimiento democrático, todas las fuerzas posibles serán movilizadas para reprimir cualquier acto de recuerdo. Para el Partido Comunista, la experiencia de la primavera de 1989 hace temer un peligro: Que una China distinta, democrática y libre hubiese sido posible. Al igual que podría ser posible ahora.