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Chile y las amarras de Pinochet

“Atado y bien atado” quiso dejarlo todo Pinochet. Y tan atado lo dejó que, hasta el día de hoy, el país vive con el corset político-social que le impuso la dictadura. Contra él se rebelan ahora no sólo los estudiantes.

Manifestación contra Augusto Pinochet en Santiago, exigiendo castigo por las violaciones de los derechos humanos (Foto: AP)

Augusto Pinochet falleció en 2006 sin haber sido condenado por los crímenes comentidos durante la dictadura (1973-90)

Acostumbrado a los éxitos económicos y a las buenas calificaciones internacionales reflejadas en bajos índices de corrupción y de riesgo para inversiones, Chile ha tenido que mirarse ahora en el espejo de las protestas estudiantiles, secundadas también por otros sectores de la sociedad. Un espejo que refleja la otra cara del país, la que se rebela contra la inequidad y la falta de participación ciudadana; y, en definitiva, contra un modelo económico y social heredado de la dictadura de Augusto Pinochet.

Las tenazas del sistema

Imagen de campaña electoral en la capital chilena Santiago (Foto: AP)

Desde la vuelta a la democracia, las elecciones se han hecho según las reglas impuestas por al dictadura

“Chile, a través del plebiscito de 1988, de algunas reformas constitucionales y fundamentalmente a través de la instalación de gobiernos democráticos a partir de 1990, terminó con la dictadura. Pero heredó un sistema institucional no democrático, que asegura la mantención del orden social generado por la dictadura, indica el sociólogo y politólogo Manuel Antonio Garretón de la Universidad de Chile. “El sistema político impide que la mayoría pueda ejercer su papel de tal, porque por el sistema electoral asegura que la minoría tenga un poder de veto”, indica el académico chileno, refiriéndose al sistema electoral binominal, que en la práctica lleva a un virtual empate de fuerzas en el parlamento chileno. Se trata de un elemento clave del sistema con que el régimen militar intentó dejar todo “atado y bien atado”, porque la Constitución de 1980 exige altos quórums para reformar diversas leyes, y éstos son extremadamente difíciles de lograr.

Así, pese a reformas como la que en 2005 terminó con la figura de los senadores designados, el corset constitucional sigue manteniendo al país en la vereda trazada por Pinochet. “El sistema político se transforma en garante del modelo económico social”, sostiene Garretón, subrayando que “no hay uno solo sistema institucional en el mundo que se parezca al chileno, en el sentido de sea completamente diseñado y heredado de la dictadura y que garantice que los herederos de la dictadura impongan su voluntad e impidan que se hagan reformas”.

Ni perdón ni olvido, Pinochet Asesino se lee en pancartas durante una manifestación en Santiago (Foto: AP)

Los crímenes comentidos por la dictadura no están olvidados

Crasa inquedidad

Con esa “amarra” se topan quienes intentan impulsar cambios de fondo en el modelo chileno que asigna un rol protágónico al mercado y que, si bien ha reportado un considerable crecimiento económico, ha generado también una sociedad con graves problemas de equidad. De acuerdo con la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional, de 2009, el 10 por ciento de los mejor situados capta el 40% del total de los ingresos que se generan en el país. El diez por ciento más, pobre, en cambio, se queda con sólo cerca del uno por ciento.

Al margen de las trabas institucionales, el hecho de que la transición chilena haya sido concertada y no haya supuesto una ruptura con la dictadura marcó su impronta al proceso, a juicio del historiador alemán Stephen Ruderer, autor del libro “La herencia de Pinochet”. El académico de la Universidad de Münster hace notar que “sigue habiendo sobre todo una política de consenso dentro de la élite, dentro de la Concertación y de los partidos de la derecha, que hace que no se pueda avanzar mucho en una democratización de verdad en Chile”. Garretón, en cambio, argumenta que “la derecha que hoy día gobierna es heredera de Pinochet, por lo tanto van a poner siempre un veto para que no se pueda hacer reformas que alteren el orden social heredado de la dictadura”.

Desencanto político

Manifestaciones estudiantiles en Santiago por una mejor educación en Chile (Foto: Fech)

Los estudiantes protestan contra el sistema educacional heredado de la dictadura.

Aún así, las recientes protestas, lideradas por los estudiantes -que no sólo reclaman educación gratuita y de calidad, sino también participación ciudadana y cambios de fondo al modelo chileno-, están ejerciendo una presión insoslayable. “Pero faltan los actores políticos”, hace notar Ruderer, quien se muestra por lo tanto pesimista en cuanto a la posibilidad de que se generen transformaciones sustanciales. “Ni el gobierno, ni la actual oposición tienen credibilidad ante estos sectores de la sociedad civil –indica-. ¿A través de quién se podrían canalizar entonces estas demandas en leyes o decisiones políticas?”

Confirman su apreciación los últimos datos entregados por una encuesta del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC), que registran una fuerte caída de la popularidad del presidente Sebastián Piñera a un 22%, sin que la oposición haya logrado sacar dividendos: apenas un 11% de los encuestados apoya a los partidos de la Concertación que gobernó entre 1990 y 2010.

Seguidores de Augusto Pinochet con una bandera chilena. (Foto: AP)

"Todavía en Chile se puede decir que Pinochet no fue tan malo."

Derechos humanos

Chile se debate así ante un dilema complejo, que pone en tela de juicio las estructuras que Pinochet quiso eternizar, pero de las que no logra desembarazarse. “El país aún no ha saldado sus cuentas con el pasado”, afirma Garretón. Y eso también se puede aplicar al doloroso tema de los derechos humanos.

Durante dos décadas de democracia se han realizado grandes avances, en cuanto a revelar la verdad sobre los crímenes de la dictadura y compensar a las víctimas. Pero hay capítulos pendientes en cuanto a procesos judiciales y sanciones a los culpables. Y también falta mucho al respecto en “el discurso público”, dice Stephen Ruderer, aludiendo a la falta de unanimidad en la sociedad chilena a la hora de condenar a la dictadura, que retrata así: “Todavía en Chile se puede decir que Pinochet no fue tan malo, que ha reformado el país”.

Autora: Emilia Rojas
Editora: Mirjam Gehrke

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