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Proyecto Latinoamérica

Boom petrolero: entre realidad y sueño

Hugo Chávez destina millones de petrodólares a sus programas sociales. Buena idea, opinan no sólo sus seguidores. Las reservas del país son enormes, el precio del petróleo alto. ¿Qué podría salir mal? Más de una cosa, dicen los críticos.

Carguero venezolano en el lago de Maracaibo.

Quien quiera percibir por una vez el olor de la riqueza petrolera de Venezuela puede darse un paseo en barco por el lago Maracaibo. En la orilla, huele a cloaca. En el centro del lago, a gasolinera. Las torres perforadoras, las plataformas de petróleo y gas, se han convertido en parte del paisaje de Maracaibo. En algunas zonas, la luz deja entrever las marcas color arco iris que tiñen el agua.

Manchas verdes sobre el lago: huella de un planta de agua.

Aquí, en el mayor lago de América Latina, se inició en 1922 una nueva era para Venezuela. Por aquel entonces, Shell abrió la perforación de Los Barrosos, Nr.2. Bingo. 100.000 barriles diarios saliendo del mismo suelo. Ya en 1929, este Estado caribeño se había convertido en el mayor exportador de crudo del mundo. Para el lago, el boom petrolero significó el principio de sus peores tiempos. Las compañías no tuvieron miramientos a la hora de contaminar Maracaibo. Hoy, la petrolera pública PDVSA ha puesto en marcha conjuntamente con las restantes compañías que explotan los yacimientos programas de protección del medio ambiente. Los resultados son apenas perceptibles.

Datos contradictorios

Las reservas del lago y sus alrededores contienen crudo para un par de siglos, dicen quienes conocen el negocio. “Maracaibo está en declive”, asegura Diego González, director del Instituto de Petróleo y Minería de Venezuela. “En 1970 se producían aquí tres millones de barriles al día. Hoy no se superan el millón”. González trabajó durante más de 38 años en el sector petrolero, e incluso en la misma PDVSA. El experto afirma que faltan inversiones, y no sólo en Maracaibo. “En todo Venezuela, más de 20.000 perforaciones se encuentran paradas. Podrían ser rentables, pero no es así”.

González critica la mala gestión del consorcio petrolero estatal y la falta de transparencia. La compañía no ha sido capaz de recuperarse del despido de unos 18.000 trabajadores. Según la Agencia Internacional de la Energía, la productividad de Venezuela ha caído de 3,3 millones de barriles al día en 1997, a 2,4 millones en julio de 2006. “El Gobierno asegura que los 3,3 millones se mantienen. Pero desde el 2003 no han aparecido más cifras. Desde entonces, la empresa no ha publicado ni una sola memoria”, dice González.

Sacando crudo del fondo de Maracaibo.

También el número de accidentes en las instalaciones de PDVSA ha aumentado. En julio, un incendio afectó gravemente a la refinería de Paraguaná, la mayor de América Latina. Durante semanas, DW-WORLD intentó obtener de PDVSA declaraciones oficiales sin éxito.

La huelga y sus consecuencias

Los despidos masivos siguieron a las huelgas anti Chávez.

En diciembre de 2002 y en enero de 2003, la oposición trató de derrocar a Chávez por medio de una huelga general. La compañía petrolífera se convirtió en el centro de la resistencia anti-Chávez. Alrededor de esta huelga y los despidos posteriores se ha forjado un mito, usado a partes iguales por el Gobierno y sus detractores. La oposición mantiene que a consecuencia de los despidos PDVSA ha perdido a sus cerebros. Todos los cargos relevantes han sido otorgados teniendo en cuenta exclusivamente afinidades políticas, critican. El Gobierno acusa a los huelguistas de haber tratado de hundir la empresa mediante sabotajes criminales.

“Las consecuencias fueron en cualquier caso enormes. Sobre todo, fue el personal cualificado el que tuvo que marchar: ingenieros, geólogos, técnicos, especialistas en finanzas”, comenta Xavier Fernández, empleado de una empresa que prestadora de servicios en el sector petrolero. Muchos profesionales se vieron obligados a abandonar Venezuela ya que su contratación, aunque sea en empresas privadas y extranjeras, está prohibida.

Nuevas reglas del juego

Sede de PDVSA en Caracas.

La industria petrolífera de Venezuela ha vuelto a manos estatales. Los seguidores de Chávez festejan la decisión. Por fin los enormes ingresos que genera el petróleo llegan al pueblo en lugar de engrosar las cuentas de empresas extranjeras. La ley de hidrocarburos obliga a los consorcios no nacionales a tener que organizarse en sociedades mixtas, en las que PDVSA conserva siempre la mayoría, para poder explotar las reservas de crudo venezolano.

Los pagos al Estado por el petróleo extraído y los impuestos al fisco se elevaron drásticamente. Las multinacionales extranjeras tuvieron que contribuir con unos cuatro millones de dólares en concepto de impuestos atrasados por el periodo que va del 2001 al 2004. Desde enero de 2006, los 32 campos de petróleo que tienen Venezuela están bajo el control de PDVSA. No todas las compañías han aceptado las nuevas reglas del juego. La estadounidense Exxo Mobil o la noruega Statoil decidieron vender su parte del negocio petrolero en Venezuela.

El futuro está en el Orinoco

Pero el negocio del petróleo seguirá siendo lucrativo mientras el precio se mantenga alto. Es lo que hace rentable la explotación de las reservas de crudo extra pesado de la cuenca del Orinoco. “Maracaibo es el pasado. El futuro está en la cuenca del Orinoco”, dice Fernández.

En una franja de 600 km de largo y 70 de ancho paralela al río Orinoco, se encuentran gran parte de las reservas de petróleo del mundo. El Gobierno venezolano habla de 1.370.000 millones de barriles, de los cuales con la tecnología actual se podrían extraer 236.000 millones. En estos momentos, Venezuela cuenta con reservas comprobadas de 81.000 millones de barriles.

“El petróleo de la cuenca del Orinoco es único por su mala calidad”, afirma Fernández. “Es extremadamente pesado. Si se echa en un vaso, se le puede dar la vuelta sin que se caiga una sola gota. Pero el elevado precio del petróleo hace que merezca la pena refinarlo”.

Exportar a China es uno de los objetivos de Chávez.

Ambiciosos proyectos de futuro

Actualmente, la cuenca del Orinoco genera 600 millones de barriles diarios. “Para poner en funcionamiento los cuatro campos actuales hubo que llevar a cabo inversiones por un valor de 17.000 millones de dólares”, dice González. “El Gobierno quiere levantar en total 27 bloques. Es un sinsentido. Harían falta enormes inversiones en refinerías e infraestructura que, tras los cambios en la legislación, deberían ser pagadas en parte por la misma PDVSA”.

González y otros expertos en el negocio del petróleo consideran ilusoria la intención de PDVSA de aumentar de aquí a 2012 la cuota de producción a 5,8 millones de barriles al día. Una parte de los ingresos se necesitan para financiar los proyectos sociales. La empresa estatal se ha convertido en una entidad caritativa con una rama petrolífera, dicen los sarcásticos. “PDVSA construye carreteras, escuelas y hospitales, protege el patrimonio nacional, potencia la cultura y la ciencia. Pero el centro del negocio está abandonado”, comenta el politólogo Friedrich Welsch de la Universidad Simón Bolívar de Caracas.

Incluso los mismos trabajadores de PDVSA se muestran escépticos ante los planes de futuro del presidente. Muchos consideran poco realista el último proyecto, que consiste en construir un gasoducto de 8.000 km de largo desde Venezuela hasta Argentina atravesando el Amazonas. “Sería más barato licuar el gas y transportarlo en barco”, sostiene González. “¡Todo podría ser tan sencillo! Tenemos al mayor mercado del mundo, Estados Unidos, a la vuelta de la esquina, que sigue cubriendo el 11% de su consumo con petróleo venezolano”. Pero Chávez continúa con su idea de enviar petróleo a China. “Un carguero necesita cuatro días para llegar a Estados Unidos. A China, un mes y medio. No tiene sentido”.

DW.DE