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América Latina y la energía nuclear: “no habrá Fukushima que les haga dar un paso atrás”

Fukushima fue la gota que desbordó el vaso y Alemania decidió apagar todas sus centrales nucleares de aquí al año 2022. ¿Un ejemplo a seguir en América Latina, en donde la energía atómica va más bien al alza?

A Greenpeace activist hangs in back of an anti-nuclear sign in front of Mexico's Energy Secretariat (Sener) during a protest in Mexico City, Thursday March 31, 2011. The sign reads in Spanish, Nuclear? No, Thanks! (AP Photo/Alexandre Meneghini)

Cartel de Greenpeace en Ciudad de México.

Alemania ha decidido apagar todas sus centrales nucleares hasta el año 2022. Los calificativos para un paso así son innumerables: desde intrépido hasta irresponsable; de innecesario hasta imprescindible y ¿ejemplar? ¿En Europa?

Francia ya ha anunciado que no va a apagar sus reactores porque la energía nuclear representa el 75 por ciento del consumo energético en el país. De dónde van a sacar ahora o a mediano plazo energía para remplazar el 75 por ciento de la energía de un país”, dice a DW Mariana Carpes, investigadora del German Institute for Global and Area Studies (GIGA).

"Francia no abandonará la energía nuclear porque el 75 por ciento de su consumo proviene de ella", afirma analista.

“¿Y en América Latina, en donde esta energía representa, en promedio, sólo un 2 por ciento del consumo energético? ¿No sería fácil prescindir de ella en vista del peligro que representa? “Brasil está construyendo con Francia un submarino nuclear, cuyo combustible es uranio. Argentina quiere empezar a enriquecer uranio y lo hará en un proyecto, único en el mundo, con Brasil. La energía nuclear se usará en estos países para la agricultura y la medicina. Y no van a dar un paso a atrás”, dice Carpes. De un renacimiento de la energía atómica se habla.

Con todo, la investigadora, especialista en América Latina, puntualiza: “Argentina y Brasil usan la energía atómica para la investigación y la energía; en el pasado tenían también objetivos militares. En Chile se usa sólo con fines científicos”. Colombia y Venezuela también pretenden sacar similar beneficio para la sociedad civil.

Una tecnología cómoda


“En el caso de México es otra cosa”, explica a DW Jorge Villareal, coordinador de programas de la Heinrich Böll Stiftung en ese país. “El Gobierno ya se ha pronunciado en el sentido de que no va a ampliar su capacidad instalada, pero no va a cerrar la planta actual”, afirma.

¿Y por qué no cerrar una planta que produce sólo un 5 por ciento de la energía del país pero que representa un alto riesgo? “Porque es muy cómodo para el Estado mexicano que tiene el monopolio de la energía. Una planta que genera electricidad constante se acomoda muy bien a sus intereses monopólicos. Dado que no hay un modelo de diversificación energética, las redes centralizadas necesitan de este continuo abastecimiento”, explica Villareal.

Una tecnología peligrosa

Con todo, es innegable que Fukushima ha demostrado el alto riesgo de este tipo de tecnología. “México tiene una actividad sísmica alta; y, en realidad, no tiene necesidad de los 1200 MW de la central nuclear, cuando hay una capacidad en renovables de 30.000 MW. Además no se sabe cuál es el destino final de los desechos nucleares”, dice el colaborador de la fundación germana cercana al partido ecologista alemán que participa en la oposición de la sociedad civil a la energía nuclear.

Planta nuclear Atucha I en Argentina.

El riesgo sísmico en el caso de Chile no es menor; sin embargo, la especialista del GIGA argumenta: “Chile no basa su energía en reactores atómicos y lo que sucedió en Japón, cuyo nivel de seguridad es muy alto, es demasiado raro”. Del problema de los residuos atómicos ni siquiera se discute.

¿Una cuestión de prestigio?


“Lo que es importante en Latinoamérica –en Brasil y Argentina como en Colombia, Venezuela y Chile- es el prestigio: si un país puede estar en la capacidad de ofrecer esta tecnología y beneficiar a la sociedad muestra que tiene un gran nivel tecnológico. En América Latina, debido a todos los otros recursos, el asunto nuclear no está orientado tanto a la producción de energía como en Europa. Tampoco está orientado a lo militar como en China, Estados Unidos o Francia. Probar la calidad de sus propias sociedades y mostrarle al mundo que este país está maduro y que tiene su propia investigación y gestión de esta tecnología es lo importante”, analiza la politóloga brasileña.

Por el contrario, el analista de la Fundación Böll no ve que la energía nuclear aporte al prestigio de México en la región centroamericana: “Es un país petrolero en donde el 90 por ciento de la energía se produce a través de combustóleo. Ésa es la que importa. Ni la atómica ni las renovables juegan un papel en la discusión energética. México no es el líder en renovables, ni en diversificación, tampoco en energía nuclear. Y porque los países centroamericanos no tienen las capacidades para invertir en ello, han optado por tecnologías como la geotermia y la hidroeléctrica para disminuir la dependencia del petróleo.”

Y una cuestión estratégica

Éste es precisamente el punto estratégico, coincide Carpes, por el cual también Brasil y Argentina optan por la energía nuclear: “no ser nunca dependiente de un solo tipo de energía”.

Entando en el terreno político, Carpes concluye: “Brasil –como Sudáfrica- quería armas atómicas. Ambos renunciaron a sus planes. Ahora quieren programas nucleares con uso civil porque sustentan su discurso político internacional: somos países en crecimiento y maduros; podemos gestionar materiales sensibles sin poner en riesgo al mundo. Y no habrá Fukushima que los haga dar un paso atrás”.

Autora: Mirra Banchón
Editora: Emilia Rojas

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